—Su majestad. Requiero hablar con usted. —Pues habla. —Quedé paralizada. Nunca había experimentado nerviosismo alguno en mi vida, nunca, jamás. Los arácnidos somos criaturas de temple, nacidas para mantener el mayor autocontrol frente a cualquier criatura, incluso aunque fuese más grande, más fuerte, peligrosa o intimidante. Y ante cualquier situación extrema, la que fuese. Pero, inexplicablemente, mis fuertes extremidades que me habían permitido caminar con total soltura sobre la superficie del agua, (acción que me resultó sumamente divertida debo confesar), justo al estar frente al rey crustáceo, me hicieron literalmente “caerme”. Plash. Me hundí ridículamente frente al rey. Descendí como una piedra en un río, y sé que no reaccioné de inmediato porque me sentí ridícula, amedrentada. ¿Qué carajos me estaba sucediendo?... Dentro del letargo de estar bajo el agua, quedé unos instantes suspendida, ingrávida, hasta que realicé un simple movimiento con mis extremidades y de inmediato fui i...