Extrañaba tu aroma tanto. Tardé años en reconocer que más que tus colores cálidos y tus azules, tu aroma me hacía falta. Fue la última pieza que completé, para saber que te necesitaba a ti, y no había reemplazo. Tus colores. Tu dorado, pálido y brillante, me atrajo desde niña. Tantas veces me invitaste a construir los más atrevidos y efímeros fuertes para todos mis sueños. Tu calor es envolvente, aunque ardiente a veces. Me devoras en segundos y siento que tenemos la misma temperatura tras breves instantes de nuestro encuentro. Tus azules y verdes cristalinos siempre fueron hipnotizantes para mí. Me recordaban los ojos infinitos de mi amor de infancia. Mi abuela, quien me llevó a conocerte y me enseñó a amarte. Tu sabor, complejo y necesario. Demasiado para comerte a boca llena, pero vivir lejos es una condena insípida. Tus sonidos constantes y rítmicos, a veces severos y estruendosos, a veces un susurro que me duermen y me envuelven. Siempre presente cuando estoy cerc...