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Mostrando las entradas etiquetadas como novela

El Descubrimiento (Una Aventura Arácnida Parte 11)

—Su majestad. Requiero hablar con usted. —Pues habla. —Quedé paralizada. Nunca había experimentado nerviosismo alguno en mi vida, nunca, jamás. Los arácnidos somos criaturas de temple, nacidas para mantener el mayor autocontrol frente a cualquier criatura, incluso aunque fuese más grande, más fuerte, peligrosa o intimidante. Y ante cualquier situación extrema, la que fuese. Pero, inexplicablemente, mis fuertes extremidades que me habían permitido caminar con total soltura sobre la superficie del agua, (acción que me resultó sumamente divertida debo confesar), justo al estar frente al rey crustáceo, me hicieron literalmente “caerme”. Plash. Me hundí ridículamente frente al rey. Descendí como una piedra en un río, y sé que no reaccioné de inmediato porque me sentí ridícula, amedrentada. ¿Qué carajos me estaba sucediendo?... Dentro del letargo de estar bajo el agua, quedé unos instantes suspendida, ingrávida, hasta que realicé un simple movimiento con mis extremidades y de inmediato fui i...

Una Noche Intensa (Parte V y VI)

Parte V 24 de marzo de 1721. Había transcurrido un año de arduo entrenamiento con muchas noches de total diversión y procrastinación. Nancy fue asimilando día a día el combate cuerpo a cuerpo, varias tácticas de defensa personal, manejo de armas, en especial de la espada y el puñal. Aquello nos lo tomamos con total tranquilidad; deliberadamente nos aislamos de la civilización, a sabiendas que no teníamos necesidad de exponernos. Mi cabeza tenía un alto precio, los españoles me buscaban, cualquier otro cazarrecompensas podría sentirse tentado a capturarme. Por ahora, Marie Reeves, alias «La Viuda Roja» había tomado un año sabático. —Siento que ahora tu y yo hemos intercambiado roles amiga, ¡te has transformado en una adversaria temible, mientras que yo me he vuelto una excelente cocinera! Nancy me había derribado hábilmente. Sujetaba su afilada daga apunto de rebanarme el cuello, mientras me miraba con una satisfactoria sonrisa de triunfo mezclada con jadeos sincopados, respiraba agitad...

El balneario real (Una Aventura Arácnida Parte 10)

Necesitaba hablar con el rey Alan. No lograba entender en qué condición me encontraba ahora. Si todavía era una esclava o poseía algún privilegio, dado mi encuentro sexual con él. Sin darme cuenta ya no sentía mareos ni malestar alguno. Aquel aire salino me tonificaba día a día. Me sentía con más bríos, con gran vitalidad e incluso de un extraño e inusual buen humor. Antes de llegar a este lugar siempre había sido lúgubre, silenciosa y ensimismada, tal cual como una araña. Dejé mis oscuros aposentos, ordenándole a Cleo que me llevara ante su rey. Justo en el umbral de la salida, dos guardias altos y fornidos nos frenaron el paso con sus fuertes tenazas. —La princesa no tiene permitido salir de su recámara. —Necesito hablar con el rey ahora. —Nosotros le informaremos. Debe esperarlo aquí. —¿Acaso sigo siendo una prisionera?... —Los guardias me miraban con respeto y solemnidad. Pese a su aspecto macizo e intimidante, podía intuir que solo estaban acatando instrucciones. —Usted podrá hab...

Princesa Lana (Una Aventura Arácnida Parte 9)

De la noche a la mañana mi vida cambió por completo. Me encontraba en un aposento muy agradable y confortable. Era oscuro, húmedo y silencioso, repleto de largas y estrechas cavernas. De sus altas paredes colgaban muchos tapices brillantes, inmaculados, tejidos por las más destacadas arañas tejedoras. Las gotas de rocío en todos sus hilos de seda las hacían lucir aún más bonitas. ¡Me sentía como en casa! En lo más profundo se hallaba mi descomunal cuna, un gigantesco saco de seda con un total de 3.012 huevos fecundados. ¡Yo sola había logrado recuperar con creces a la totalidad de mi clan! El de los más jóvenes e inexpertos. El que había confiado en mí y aceptado dirigirnos al sur, hacia el océano coral. A pesar de saber que estábamos justo avanzado hacia un territorio dominado por el clan crustáceo. —¡Todos los huevos están muy bien, princesa Lana! ¡Verifíquelo usted misma! Muy cerca de la gran bolsa se encontraba la langosta comadrona. Me miraba con orgullo y respeto. Parecía clarame...

Una Noche Intensa (Parte III y IV)

Parte III 8 de marzo de 1720. Por fortuna había logrado sobrevivir. Busqué ganar las fuerzas necesarias para idear la mejor estrategia de enfrentar a mis enemigos. A partir de aquella noche intensa en la que casi pierdo la vida. Gracias al apoyo y al cuidado de Nancy Cooper, la mujer del pescador, en tres semanas había logrado recuperarme. —Tus mejillas han recobrado color. —Dijo, mientras acercaba hacia mí un cuenco hirviendo con caldo de pescado y verduras. —Come. Pocas veces en mi vida me sentí tan agradecida. —Comamos. —Y de forma categórica me levanté de aquel tibio lecho y busqué ubicarme en la humilde mesa que ocupaba el espacio central de aquella nueva cabaña, invitando a mi cuidadora a que se sentara a mi lado. Recordaba vagamente que habíamos logrado desplazarnos de la isla Tortuga hacia el oeste, hasta la isla Margarita. Justo con lo necesario para trasladarnos discretamente y tener insumos para estar a nuestras anchas. Ella había contratado a dos marinos de confianza para l...

El clan crustáceo (Una Aventura Arácnida Parte 8)

  Pasaron varias lunas. Las suficientes para comprender que nada sería igual a como fue antes de nuestra captura. Las hembras estábamos comprometidas a aparearnos apenas llegase el momento propicio. Nuestros captores tenían total conocimiento de nuestro proceso reproductivo, (o al menos bastante claro). Y yo me encontraba entre las arañas más aptas para engendrar. Así que me fue concedido un macho ejemplar, a quien conocería oportunamente. El clan crustáceo poseía un muy cercano parentesco con el clan arácnido. Pero también algunas marcadas diferencias. Ellos ostentaban, además de esas relucientes armaduras, unas largas antenas encima de sus ojos. Por lo que había logrado observar, tenían la capacidad de captar de mejor manera una gran variedad de sensaciones del medio ambiente. Pero lo que más llamaba mi atención de la estructura de sus armaduras, era una parte conocida como abanico caudal o urópodo. A ese abanico lo formaban cinco piezas móviles, dos exopodios, dos endopodios a s...

Vivir o Morir (Una Aventura Arácnida Parte 7)

Pasaron unos cortos e inquietantes instantes antes que uno a uno, cada capullo de seda fuese abierto. Nuevamente aquellas tenazas fueron la herramienta perfecta. Al principio pensé que habíamos sido atrapadas por el clan de los escorpiones. Pero no. Con fina precisión cada araña fue liberada de nuestra prisión, luego nos despojaron de nuestras armas. Y así logramos enfrentarnos cara a cara con nuestros captores. Era el temido clan crustáceo. —¿Vivir o morir? Contesta ya. —Morir. Con las mismas tenazas que fácilmente habían desgarrado nuestra dura envoltura de seda, así mismo aquel verdugo, cuyo aspecto era bastante similar al nuestro, a excepción de tener gran parte de su cuerpo recubierto con una reluciente armadura, se encargó de ejecutar a una de mis rebeldes compañeras a sangre fría. La misma pregunta fue otra vez formulada. La misma respuesta. Nunca antes habíamos experimentado el miedo. Tampoco esa sensación tan desagradable, y hasta ahora inédita, de sentirnos intimidadas. Pero ...

El Éxodo (Una Aventura Arácnida Parte 6)

No podía moverme ni tampoco mirar al exterior. Ni siquiera me fue posible sujetar mi quela , mucho menos activar sus dardos. Nunca pensé que, teniendo cuatro pares de extremidades arácnidas externas, y otros dos pares adicionales en mi cuerpo, me sentiría como si las tuviese todas amputadas. De encontrarnos atrapadas en cualquier otro tipo de tejido, fácilmente habríamos logrado liberarnos. Poseemos una extraordinaria fuerza, pero la seda de araña es tan poderosa y resistente como nosotras. Irónicamente, trescientas poderosas arañas nos encontrábamos cautivas en nuestra propia red. «Nos atraparon. Pero no podrán hacer nada más con nosotras». Pensé. Crack. Crack. Crack. Crack. Escuché con claridad a pocos pasos, no muy lejos de donde me encontraba. Luego un golpe seco, como de un bulto pesado que cae inerte desde el aire al suelo. Crack. Crack. Crack. Crack. Los cuatro sonidos cortos, comenzaron a inquietarme. Ya que acto seguido, se escuchaba el golpe seco cada vez más cercano. Ensegui...

La emboscada (Una Aventura Arácnida Parte 5)

Pernotar en aquel bosque solitario nos fue un tanto inquietante. Nuestro ambiente natural como clan arácnido era el mundo subterráneo. Sin embargo, durante muchas lunas, nuestros hábitos fueron mutando. De poseer un habitual comportamiento aislado e independiente en lúgubres y silenciosas cavernas, las distintas especies artrópodas habían logrado coexistir y evolucionar uniendo esfuerzos, transformándonos en comunidades similares a las organizadas hormigas o a las laboriosas abejas. Pero aún estábamos afianzando ese nuevo proceder. Habíamos aprendido a trabajar en equipo, aportando nuestras habilidades a favor del bien común. Ese había sido el éxito de nuestra supremacía. Sin embargo, esas mismas cualidades especiales y destrezas únicas, lograron despertar una rivalidad muy cruel hacia nosotras las arañas. Esa misma noche nos fue manifestada con total contundencia. La hambruna en Artrópoda había desatado una cruenta guerra por la supervivencia. Si bien nuestros reflejos son extremadame...

Pernotando en el bosque (Una Aventura Arácnida Parte 4)

  En Artrópoda, nuestros tres soles nos permitían un modo natural y preciso de medir el tiempo. A medida que fuimos avanzando, nuestro instinto arácnido se activó. Todas sabíamos que nos estábamos acercando a una zona boscosa peligrosa y desconocida. Aunque visualmente, hasta los momentos, no se lograba apreciar ningún rastro en el horizonte. El viento traía ese mensaje, flotaba un agradable y sutil aroma a sauce del desierto. —Podremos llegar justo cuando se oculte Rojo , el primer sol. —Comenté en voz alta. Avanzábamos a un ritmo constante. Poseer cuatro pares de piernas, nos brindaba un desplazamiento rápido y fluido a través de las extensas arenas. Antes, nuestros ancestros poseían patas, las nuestras habían evolucionado, siendo ahora mucho más robustas, grandes y poderosas. Pero el desgaste energético seguía siendo el mismo; estábamos poniendo a prueba nuestra capacidad de resistencia en aquel maratónico desplazamiento. No todas iban a lograrlo. —¡Se aproxima una amenaza! Mi g...

La hambruna (Una Aventura Arácnida Parte 3)

Ese cambio tan radical nos tomó a todos por sorpresa. Algunas llegamos a pensar que se iniciaba el fin de nuestra existencia. ¿Exagerado? Tal vez. Nuestra raza arácnida siempre ha contado con la capacidad de planificar estrategias, definir objetivos y lograr resultados en cuanto a nuestra alimentación y supervivencia. Poseemos normas y procedimientos muy específicos de cómo cazar, almacenar y administrar nuestras provisiones con rigurosa precisión. Pero nuestros instintos más profundos nos daban una clara señal de alarma máxima. —Debemos migrar ahora o todas moriremos de hambre. Nunca hemos contado con una figura líder, pero la hermana araña que nos dio esa instrucción, era muy admirada y respetada por el clan. Yo la observé en silencio, al igual que el resto, comprendiendo que había llegado el momento de iniciar una extraordinaria misión. —No tenemos alternativa. Estamos enfrentando por primera vez una terrible hambruna. Todas ya lo hemos aceptado. Por lo que se hace fundamental que n...

Artrópoda (Una Aventura Arácnida Parte 2)

La civilización arácnida había surgido y evolucionado hacía unos cinco mil millones de lunas aproximadamente. Nuestro planeta era conocido como Artrópoda. Vastas y peligrosas tierras conquistadas por valientes y legendarios ancestros, quienes buscaron desarrollar las mejores estrategias para lograr contrarrestar a sus invasores, atrapándolos y devorándolos sin piedad durante miles de batallas por la supervivencia. Desde el principio de los tiempos, las arañas habíamos alcanzado el más alto sitial en la escala evolutiva. Sin embargo, debíamos enfrentarnos ocasionalmente con otras especies enemigas, con las cuales combatíamos por la defensa de nuestras crías y la supremacía de nuestra especie, pero particularmente, evitando a toda costa el control de nuestra capacidad orgánica exclusiva, la de producir bioquímicamente, el material más delgado, resistente y flexible de todo el planeta Artrópoda: la seda de araña. En cuanto a recursos y técnicas de combate, nuestro sistema de defensa ya no...