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Una flor del caribe en las nieves eternas


Extrañaba tu aroma tanto. Tardé años en reconocer que más que tus colores cálidos y tus azules, tu aroma me hacía falta. Fue la última pieza que completé, para saber que te necesitaba a ti, y no había reemplazo.


Tus colores. Tu dorado, pálido y brillante, me atrajo desde niña. Tantas veces me invitaste a construir los más atrevidos y efímeros fuertes para todos mis sueños.

Tu calor es envolvente, aunque ardiente a veces. Me devoras en segundos y siento que tenemos la misma temperatura tras breves instantes de nuestro encuentro. 

Tus azules y verdes cristalinos siempre fueron hipnotizantes para mí. Me recordaban los ojos infinitos de mi amor de infancia. Mi abuela, quien me llevó a conocerte y me enseñó a amarte. 

Tu sabor, complejo y necesario. Demasiado para comerte a boca llena, pero vivir lejos es una condena insípida. 

Tus sonidos constantes y rítmicos, a veces severos y estruendosos, a veces un susurro que me duermen y me envuelven. Siempre presente cuando estoy cerca, aún en una noche que parece ser silenciosa. 

Tras mi partida, traté de reemplazarte sin lograrlo. Lloré tu ausencia sabiendo que mi futuro estaba lejos de ti. Y me enamoré de nuevo, pero confieso que aunque algunos tenían tus colores, no era tu esencia. Algunos realmente se parecían a ti, y aún dejándome llevar en sus brazos, yo sabía que no eras tú. 

Pero fue aquel día mágico, cuando percibí ese aroma tan tuyo en la distancia, que entendí que para volver a sentirme plena, necesitaba todo de ti y no una réplica de algunas piezas. Y tras buscarte, literalmente por todas partes, aprendí que eres único. 

Hoy vuelvo a ti, mi amado mar caribe, a tus aguas cristalinas y verdes azules, tus arenas doradas y cálidas, tu salitre intenso, tus olas que arrastran y se llevan el dolor y traen esperanza. Y recuerdo, cómo me dijera mi mentor antes de partir de tus costas: siempre seré una flor del caribe, conservándome en las gélidas nieves del norte.

Y hoy aprendí que en mi nueva tierra tu nombre suena a madre. Y cómo podría llamársele al mar: madre de la vida y fuente de todo lo que existe y respira.

Comentarios

  1. ¡Qué estupendo que puedas reencontrarte con tu esencia caribeña y tener un momento para escribir relajada, esta vez, no inspirada solo en añoranzas lejanas sino en la plenitud del presente que te envuelve, te abraza y te revive con alegría y calidez! ¡Maravilloso!

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  2. ¡Hermoso mi Ale! Puedo respirar ese aroma a sal que también extraño tanto. Al principio lloraba mucho sobre todo en invierno cuando el frío me congelaba un poco hasta los pensamientos. Exacto y es esa madre que nos arropa, nos vió nacer y ahora quiere que sigamos con eas esperanza que nos enseñó. Gracias :)

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