(Acuarela realizada por Karina Briseño).
Tenía días percibiendo un terrible y nauseabundo olor a quemado, cada vez que lo olía le entraba un escalofrío en todo el cuerpo. Se preguntaba de dónde vendría ese olor tan desagradable.
Catalina estaba terminado una de sus investigaciones de física cuántica más esperada, mejoraría la imagen de equipos de resonancia magnética para detección de cáncer. Estaba feliz que ya casi culminaba un trabajo muy largo y arduo; en el que había puesto toda su energía, pronto le daría fin.
Su felicidad no era tanta por culminar, ni por lo que trataba, era porque se retiraría de lo que hacía. Amaba la ciencia, pero sentía un vacío enorme. Se preguntaba a diario porque se sentía tan turbia, tan aburrida, si hacía todo lo que quería. Le gustaba lo que hacía pero sentía debía estar en otra parte. De niña soñaba con viajar al espacio, miraba el cielo, las nubes, el sol, adoraba las estrellas fugaces y todo lo que tuviese que ver con el firmamento.
Aunque la física era una carrera de ciencia pura, Catalina se sentía seducida por esa parte de la ciencia micromolecular que puede dar respuesta a fenómenos de la vida cotidiana, veía y estudiaba de pasatiempo fenómenos astrológicos. Su entorno era rígido, no era bien visto los científicos que hablaban o tenía una postura holística, o que simpatizaran hacia lo inexplicable, lo que no pudiese ser demostrado al 100%.
Ese olor asqueroso de nuevo, le picaban los ojos, sentía fuertes nauseas. Estaba en el laboratorio haciendo ensayos, registrando cientos de datos; de un segundo a otro ese olor impregnó el lugar.
Atónita y algo asustada se seguía preguntando de dónde vendría ese olor. En su laboratorio no habían productos químicos, olía a quemado, una mezcla intensa de olores penetrantes, irritantes y compulsivos. Muchas veces creía podía ser ella misma, por impulso se duchaba desesperada.
Un tanto mareada, se lavó la cara, salió a tomar aire y poco a poco se fue recuperando.
Estaba confundida con lo querría hacer al terminar la investigación, la habían invitado a varias universidades para que presentara sus resultados, tenía apoyo de varios investigadores de renombre. La presión social y académica la ahogaban, tanto como ese olor que la atormentaba.
En el verano pasado de visita a la playa, con su hermano José, conoció a un grupo de astrólogos mientras se tomaban unas copas. Se enganchó con todo lo que hablaban, sintió un enamoramiento profundo por lo que decían, los veía felices en su andar y proceder. Por su profesión, entendía y disfrutaba cada detalle. Sentía que debía seguir ese camino, muy dispar al que se había trazado con la ciencia.
David la dejó absorta, tan enamorada como lo que decía él y sus compañeros. Aunque escéptica en las artes del amor, sin pensar en nada, ni prejuicios, ni consecuencias, tuvieron un fugaz y apasionado romance; aún cuando había decidido no fijarse en nadie y centrarse en su trabajo, después de haberse separado un año atrás de su ¨compañero de vida¨.
Ella misma no se reconocía, se decía así misma, enloquecí… No por su fugaz y apasionante momento; sino que estaba viviendo como si no hubiese un mañana, sentía premura, un impulso interno que la empujaba a dejar todo atrás, y hacer sólo lo que le complaciera.
¡Maldición!, dijo en voz alta, ese olor otra vez, ¿qué me está pasando?, le comentó a David, era la primera vez que le comentaba a alguien del olor. Él se sintió muy curioso de la descripción de lo que Catalina olfateaba, y le dijo a mi no me huele a nada. ¿Qué será, que será?, se preguntaba ella una y otra vez, ¿seré yo?...
De regreso a casa, se sentía feliz, libre, dejó a David atrás, no tenia ningún tipo de ataduras. Aunque disfrutó con él como si se conocieran de toda la vida, no le interesaba seguir ningún tipo de relación. Iba hacia adelante, no sabía a dónde, sólo sabía que quería conectarse con el cielo, terminar su investigación, y liberarse de eso oscuro, ese dolor interno que le agobiaba.
Con el aire y el encierro del autobús el sueño la fue atrapando, descansó; confiada que al llegar, culminaría sus pendientes, e iría avanzando a algo que le haría sentir mejor.
¡Ese olor de nuevo!, que nubla y te impregna el cerebro. Empezó a gritar desesperada, estaba amarrada a una picota, con una hoguera ardiendo a sus pies. ¡Auxilio! ¡Auxilio!, empezó a gritar. Sentía ese desespero onírico que gritas en vacío y nadie te escucha. Ella si escuchaba todo, un ambiente sórdido, gritos, llantos, risas.
Acelerada, trató de tranquilizarse y se decía estoy soñando estoy soñando. Soy Catalina, soy física, esto es un sueño, cerró los ojos para despertar. Abre los ojos, y seguía allí, más real que nunca, continuaba la algarabía; tenía un dolor en el pecho que la mataba, no sentía las quemaduras, pero el olor a quemado le comía el cerebro; delirando, bajando el ritmo, asumiendo quizás su locura; miró a su alrededor y reconoció a algunos amigos, a su hermano, a compañeros de trabajo, a David, vestidos con ropas diferentes. Enloquecí, pensaba; mientras el dolor ya iba siendo parte de ella.
¡Hereje!, ¡mentirosa!, ¡infiel!; ¡vete al infierno!, le gritaban algunos, mientras otros lloraban y pedían auxilio; pero nada podían hacer.
Exhaló fuertemente, ya no olía a quemado, las voces se fueron desvaneciendo, miró al cielo, un hermoso atardecer de luna negra, hermosa, apocalíptica. Se quedó viendo, mientras más oscurecía, aparecían las estrellas; identificando las que conocía, no olía ni escuchaba nada.
Estaba feliz, tranquila, emocionada; de repente se impregnó a un suave olor de jazmín, respiró profundamente y se dijo, tranquila Catalina, eres tú, estás aquí.

Nada me ha complacido más que ir armando este hermoso "rompecabezas de voces literarias" aquí, en este maravilloso nuevo blog... Y ese tapiz de verdad no estaría del todo completado sin tu participación, estimada Karina. ¡Siento ese olor, esa angustia y ese esfuerzo tenaz por vencer los efectos de ese embrujo que se había apoderado de tus facultades literarias! ¡Fue todo un honor volver a leerte!
ResponderEliminarKari qué bonito escrito. Ese olor lo sentí hasta aquí. Me encantó el romance que Catalina tuvo con David. Muy buen tono, pausas super respetuosos y suspenso en toda la historia. Sentí la desesperación como si fuera mía jejeje.
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