No podía moverme ni tampoco mirar al exterior. Ni siquiera me fue posible sujetar mi quela, mucho menos activar sus dardos. Nunca pensé que, teniendo cuatro pares de extremidades arácnidas externas, y otros dos pares adicionales en mi cuerpo, me sentiría como si las tuviese todas amputadas.
De encontrarnos atrapadas en cualquier otro tipo de tejido, fácilmente habríamos logrado liberarnos. Poseemos una extraordinaria fuerza, pero la seda de araña es tan poderosa y resistente como nosotras. Irónicamente, trescientas poderosas arañas nos encontrábamos cautivas en nuestra propia red.
«Nos atraparon. Pero no podrán hacer nada más con nosotras». Pensé.
Crack. Crack. Crack. Crack.
Escuché con claridad a pocos pasos, no muy lejos de donde me encontraba. Luego un golpe seco, como de un bulto pesado que cae inerte desde el aire al suelo.
Crack. Crack. Crack. Crack.
Los cuatro sonidos cortos, comenzaron a inquietarme. Ya que acto seguido, se escuchaba el golpe seco cada vez más cercano. Enseguida entendí.
Crack. Crack. Crack. Crack.
Caí como un fruto maduro de un árbol.
El enemigo liberaba cada envoltorio al lograr cortar los cuatro puntos de anclaje en donde se encontraban sujetas nuestras camas de seda en aquellos oportunos árboles. Debían poseer alguna clase de tenazas, de ahí el sonido tan característico.
«¿Cómo? ¡Nada es capaz de cortar nuestra seda!»
Ahora nos desplazábamos.
Aquellos viles captores nos arrastraban sin ninguna consideración junto a mis otras compañeras. Estábamos ahora más indefensas que nunca, empaquetadas en nuestra propia tela de araña, como usualmente se encuentran nuestras presas al cazarlas. Me sentí estúpida una vez más. Aun así, me propuse a estar alerta. No estaba dispuesta a rendirme tan fácilmente. Nuestros captores no actuaban esta vez de forma impulsiva y salvaje. Habían logrado analizar la situación, estudiar y plantear una estrategia, y aprovechar a su favor nuestras fortalezas.
«Un enemigo digno». Reconocí con amargura.
La claridad del amanecer logró penetrar poco a poco nuestras prisiones de seda. Habíamos realizado un éxodo involuntario durante aquella larga noche. Un aire salino muy intenso nos penetraba los pulmones. Y era posible escuchar con suma claridad un monótono sonido en vaivén que me inquietaba y seducía a la vez.
No sabíamos en dónde estábamos, a dónde nos habían llevado ni quienes eran nuestros captores, pero muy pronto, y con gran sorpresa, lo descubriríamos.
Continuará

Me encanta el tono del suspenso :)
ResponderEliminarmenos mal que la siguiente ya está disponible
Esa misma sensación la he estado experimentado mientras avanzo. De hecho, publiqué la parte siete con la idea de completar a la brevedad los acontecimientos. ¡Gracias por tu tiempo e interés en mi historia, amiga!
ResponderEliminarSuper rítmico este capítulo. Ando curiosa de saber más sobre esos captores. Las arañas quedaron atrapadas en sus propias telas... sin poder salir, ¡Qué desesperación!... excelente el palpitar del texto :)
ResponderEliminar¡Ah! ¡Qué bueno saber que estás en sintonía con este inquietante compás, estimada Jhoja!... :) Cuando alcances el capítulo siguiente, lo descubrirás.
Eliminar