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El balneario real (Una Aventura Arácnida Parte 10)




Necesitaba hablar con el rey Alan. No lograba entender en qué condición me encontraba ahora. Si todavía era una esclava o poseía algún privilegio, dado mi encuentro sexual con él.

Sin darme cuenta ya no sentía mareos ni malestar alguno. Aquel aire salino me tonificaba día a día. Me sentía con más bríos, con gran vitalidad e incluso de un extraño e inusual buen humor. Antes de llegar a este lugar siempre había sido lúgubre, silenciosa y ensimismada, tal cual como una araña.

Dejé mis oscuros aposentos, ordenándole a Cleo que me llevara ante su rey. Justo en el umbral de la salida, dos guardias altos y fornidos nos frenaron el paso con sus fuertes tenazas.

—La princesa no tiene permitido salir de su recámara.

—Necesito hablar con el rey ahora.

—Nosotros le informaremos. Debe esperarlo aquí.

—¿Acaso sigo siendo una prisionera?... —Los guardias me miraban con respeto y solemnidad. Pese a su aspecto macizo e intimidante, podía intuir que solo estaban acatando instrucciones.

—Usted podrá hablar con el rey Alan esta noche, princesa.

—Soy paciente, extremadamente. Pero, por primera vez siento gran urgencia por entender y aclarar muchas preguntas. En este mismo instante.

—Lo siento. Fueron sus órdenes. Desobedecerle es severamente castigado. Nosotros acatamos la ley. Le sugerimos que haga usted lo mismo.

El segundo guardia, que no había hablado aun, dijo:

—Aquí, dentro de su recámara, hay una ruta secreta hacia el balneario privado, princesa. Queda muy cerca del que el rey Alan frecuenta en sus propios aposentos reales. Puedo guiarla hasta allá. Si nos apuramos, es posible que logre coincidir con él, y conseguir lo que busca sin desobedecerle.

—Vaya. ¿Tú sabías eso, Cleo?...

—No mi señora. Puede confiar en lo que dice este guardia. Es leal y creo en su palabra.

—Entonces, vamos.

Rápidamente nos desplazamos por el laberinto de túneles oscuros y estrechos de mis aposentos. El guardia lograba moverse con asombrosa agilidad por ellos. Yo le seguía el paso emocionada, detrás de mí venía a cierta distancia Cleo, mi chaperona.

—Después de un rato que me resultó interminable, llegamos al balneario. ¿Por qué estaba tan ansiosa?...

—Es aquí señora. Y fíjese, el rey sigue tomando su baño.

—Gracias. Has sido muy amable. —Lo rebasé caminando por el techo del túnel y haciéndole una leve reverencia de despedida cabeza abajo.

—Vuelva a su puesto, le dije. El guardia obedeció.

—Preséntame ante el rey Alan, Cleo.

—Sí señora.

Cleo entró al agua sumergiéndose con una soltura que me dejó claro su origen marino.

—Majestad, espero no importunarlo, la princesa Lana desea hablar con usted.

Cleo hizo un leve movimiento con una de sus tenazas señalándome; seguía reclinada y en actitud reverencial.

—Que se acerque. ¿Cómo supo de este acceso al balneario real?... ¿Acaso tú le ayudaste?...

—No su majestad. Uno de sus guardias nos guio hasta aquí. Deseaba complacer a la princesa, sin desobedecerle señor. Ella tiene ciertas preguntas que, aunque yo conozco las respuestas, no se me es permitido respondérselas.

—Muy bien. Dile que se acerque. Y déjanos a solas, por favor.

Cleo, se desplazó en retroceso, con ese particular modo que tienen los crustáceos, rápido y nervioso.

Yo me quedé unos segundos analizando la situación, viendo la superficie del agua, que al salir Cleo, volvió a quedar estable y quieta.

«Mi instinto arácnido me permite caminar sobre el agua. Esta va a ser mi primera vez», pensé.

Y con plena confianza, apoyé mis extremidades sobre la delgada capa y avancé decidida hacia a Alan.

Continuará

Comentarios

  1. "Aquel aire salino me tonificaba día a día. Me sentía con más bríos, con gran vitalidad e incluso de un extraño e inusual buen humor". De verdad que quisiera estar en esa playa ya mismo...qué buena la ayuda del guardia en guiar a la princesa al balneario donde se ecnontraba Alan. Sigo leyendo para ver qué pasa en ese ecuentro :)

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    Respuestas
    1. ¡Me inspiré en Alejandra! Ella se sentía muy estimulada en haber viajado a México luego de estar tanto tiempo en Canadá. ¡El ambiente marino me fascina! Es el hilo conductor de ambas historias, el mar.

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