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Princesa Lana (Una Aventura Arácnida Parte 9)


De la noche a la mañana mi vida cambió por completo. Me encontraba en un aposento muy agradable y confortable. Era oscuro, húmedo y silencioso, repleto de largas y estrechas cavernas. De sus altas paredes colgaban muchos tapices brillantes, inmaculados, tejidos por las más destacadas arañas tejedoras. Las gotas de rocío en todos sus hilos de seda las hacían lucir aún más bonitas. ¡Me sentía como en casa!

En lo más profundo se hallaba mi descomunal cuna, un gigantesco saco de seda con un total de 3.012 huevos fecundados. ¡Yo sola había logrado recuperar con creces a la totalidad de mi clan! El de los más jóvenes e inexpertos. El que había confiado en mí y aceptado dirigirnos al sur, hacia el océano coral. A pesar de saber que estábamos justo avanzado hacia un territorio dominado por el clan crustáceo.

—¡Todos los huevos están muy bien, princesa Lana! ¡Verifíquelo usted misma!

Muy cerca de la gran bolsa se encontraba la langosta comadrona. Me miraba con orgullo y respeto. Parecía claramente estar muy feliz por mí. Sus largas antenas ondulaban suave y rítmicamente. Me acerqué a la cuna.

—¡Sí, efectivamente todos están bien!

Mi sentido arácnido me permitía detectar la más mínima señal de alarma.

—Dime algo langosta…

—Puede llamarme Cleo, majestad.

—Sabes mi nombre. Es justo que yo te llame por el tuyo. Dime Cleo, ¿cómo se encuentran mis otras hermanas?... ¿Han logrado copular y procrear con éxito?... ¿Se encuentran resguardadas, así como lo están mis hijos y yo?...

La poca confianza de Cleo se desvaneció. Comenzó a titubear mientras hablaba. Era algo muy sutil, pero yo lo percibía con total claridad.

—No te haré daño. Puedes hablarme sin temor.

—No temo de usted, señora. Créame. Sé cosas, pero no me corresponde revelárselas a usted. No se me está permitido.

—¿Y con quien debo hablar entonces?...

—Con Alan, el rey crustáceo.

—¿Te refieres al padre de mis hijos?...

—Sí princesa.

—Pero… ¿Acaso yo no acabé con su vida luego del acto sexual?... ¡Debía hacerlo! ¡Es una tradición familiar y como tal debía cumplirse!...

—Eeeeh. No estuve presente señora. Solo puedo decirle que, al amanecer, el rey crustáceo salió muy animado y risueño. Parecía otra criatura, créame. Y por primera vez en muchas lunas, se dio un vigorizante baño marino.

Continuará

Comentarios

  1. jajaja me encanta este final... a seguir leyendo

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    Respuestas
    1. ¡Estupendo! Si llegaste hasta el final de este episodio, me complace decirte que agradezco tu lectura e interés. Considero que esta aventura arácnida promete llevar al lector a nuevos territorios nunca antes explorados... Mis saludos cordiales.

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  2. La langosta Cleo :) , sí de acuerdo con Ale, ¡el final está muy bueno! el custáceo tu vo una buena noche jeje

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