Sobreviví.
Bueno, digamos que ya se fue.
Es decir, si no, no podrías estar leyendo esto no? Digo…
Te cuento:
Un día se me cayó, se me perdió la piedra.
Yo creo que era una piedra.
Era algo así, como una piedra de cuarzo cristal con una llamita adentro.
Un fueguito.
Funcionaba como en alianza con un botón que tenia en el pecho, (¿o tengo? Tengo tengo, ya lo volví a encontrar también).
Ponte tú que pasaba algo en mi entorno, bueno o malo, pero conmovedor, entonces yo me entregaba a uno de mis hobbies más preciados: Sentir y con el botón en ON, (luz verde y todo) la piedra llegaba sola y encendía la llamita.
Con la llama prendida las palabras encontraban el cause, rapidito.
Era como la maestra de preescolar adelante y sus ratoncitos siguiéndola detrás, uno tras otro, era como algo instantáneo, impredecible pero consecuente.
Botón activo, camino alumbrado, palabras guiadas, texto nacido.
Era así, como magia.
Como si tuviera en el bolsillo un super poder que solo yo conocía de mi, (y unas cuantas gentes que han aprendido a aceptarme la locura).
Como si así de fácil pudiera sacármelo del bolsillo, rozarlo con la piel y activarlo, encender el fueguito y zas! Crear un texto.
Convertir olores en letras.
Darle al color de un sentimiento, textura.
Armar rompecabezas con paisajes y gente.
Hacer que con una determinada unión de ciertas letras, simples, negras, se crearan galaxias enteras, cosas mas allá de lo palpable, mundos nuevos, cielos, planetas…
Bueno, lo cierto es que al parecer me moví de tierra, y en el camino, se me perdió el botón y se me cayo la piedra.
¿O habrá sido cuando llegué?
¡Ay! ¡Qué angustia! No sé, no se lo deseo a nadie.
Ni te imaginas.
Cambiaron el orden de los factores.
Ahora la cosa era a veces así, a veces asao.
Era que si, suceso, sentir, pero ya no así como antes, era raro, como que me cambió todo, era un sentir grisáceo, monótono, poco versátil.
El botón desactivado.
Yo desesperada buscando el botón.
Me apretaba el pecho porque yo sabía que por ahí era que estaba.
Pero que va, la angustia no me dejaba encontrar nada.
Y si así fue con el botón, imagínate como habrá sido con la piedra… mas nunca.
Se sentía como que los sentimientos se quedaron pegados en el capítulo mas gris de una película a blanco y negro, pero al terminarse se volvía a repetir, y así… de no acabar.
Entonces, tú me veías con un lápiz, sentada frente al papel en blanco.
Sin llorar, pero con ganas.
Sin escribir, pero con ganas.
Con la desesperación de saber que no pasaba nada y que no pasaría.
Y lo peor no era el sentimiento de que en vez de tener un botón, ahora tenia un invierno en el pecho, que se comió como una boa todo lo que iba encontrando en el camino hasta dejarme desabrida… si no la tortura del recuerdo, de haber logrado sentir más, con una intensidad más sana, menos rompe huesos, esperanzada, observadora de una realidad que con la llama de la piedra buscaba alumbrar la mirada a lo sutil y describir lo indescriptible.
Eso de saber que alguna vez lo pude hacer, y de paso, ¡qué se puede! Que eso existe, que hay gente maga que tiene como ojitos en los dedos y capta realidades o quizá, hace parir a la realidad nuevas realidades.
Esa gente loca que es amiga mía.
Mis cómplices, del combo del que alguna vez pensé ser parte y de repente no, porque se me robó sola la piedra mágica y de paso como castigo olv...
-Perdón, es que se despertó la niña.
¡Qué olvidé como sentir!

Saludos estimada Airamí. Leo tu texto desde mi celular. (Debo ajustar la diagramación desde mi PC). Mientras, te doy la bienvenida. Me encanta la fogosidad que transmiten tus líneas. Percibo tu debate, tu inquietud, y esas ganas que se concentran en el fuego interior de ese pequeño dije que cuelga en tu cuello y aprieta tu mano con añoranza y sentimientos encontrados.
ResponderEliminar¡Muy lindo Ayra! "gente loca que es amiga mía" jejeje... También encontré esa piedra gracias a este encuentro. Estaba desesperada buscando ese botón...
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