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La mochila de las letras



Ella estaba allí, aterrada, cubierta por una manta de miedos y una mochila llena de letras. Caminaba por la aldea y subía montañas rocosas. Era inexplicable el helado viento que sentía cuando le entraba por los huesos cada vez que los árboles trataban de decirle algo. Estaba muy oscuro, la mujer no podía pensar con claridad porque no podía sentir los latidos de su corazón, se habían disminuido hasta tal punto que el “pum pum” del corazón se convirtió sólo en un “pum”.


Los ojos de ella se escurrían como cataratas cuando miraba hacia el cielo buscando una estrella fugaz. Ardientemente le pedía un deseo a un lucero en aquella noche fogosa y serena a la vez. La mujer caía en la profundidad de sus pensamientos tratando de recoger las letras que se les habían perdido. No estaba clara si eran las letras que se habían escondido o era ella misma que no se dejaba ver tras esa manta que no le permitía ser libre.


Tras un largo camino de grandes subidas y bajadas, la mujer no podía más. Seguía caminando sin rumbo. Cada vez se hacía más oscuro y el sonido de los grillos le chapoteaban los oídos hasta llegar al laberinto vestibular. Ciertamente, caminaba en un laberinto sin salida. Tras andar descalza por esa colina, sus pies se ampollaron hasta tal punto que las burbujas se iban secando por la falta de apoyo. Su propio apoyo no le era suficiente porque estaba en un círculo vicioso de ansiedad y desesperación. Cayó rendida por un momento… la luna le prestó una sábana de luz para cobijarla mientras ella soñaba despierta. A pesar de estar dormida, su cabeza seguía alerta.


Al llegar la mañana la mujer revisó su mochila y se dio cuenta que las letras se le habían salido por un huequito que no tenía remiendo. Se agarró la cabeza con las dos manos y se tiró al piso mirando de nuevo hacia arriba. Esta vez de mañana, el azul del cielo le regaló un par de pilas. La mujer estaba confundida. ¿Cómo del cielo encontraría unas pilas?, ¿Para qué? Agarró esas baterías y se dio cuenta que tenían instrucciones: “Perdiste las letras por culpa del hueco de tu mochila, pero estarán de vuelta si te insertas cada una de las pilas "AA" en tus manos”.


Ella, ya casi sin aliento hizo caso de las instrucciones y se aceleró a cumplir las recomendaciones. Introdujo cada una de las pilas "AA" en sus manos y sintió cómo el cerebro se le reseteó. Encontró cada una de las letras perdidas y su corazón volvió a tener de regreso los dos “pum pum”, ya no era uno. La mujer no recuerda si fue una especie de milagro, si fue el cielo que derritió un poco de su azul para llegar hasta ella o si fueron dos magos que ella creyó ver detrás de la luna la noche anterior. Esos magos vulnerables, sabios, valientes, compasivos y rebeldes asomaron sus cabezas y se disolvieron como pastillas efervescentes de vitamina C en el agua...por algo hacen magia.


Lo cierto es que casi como ipso facto, las manos de la mujer empezaron a escribir y ella sintió libertad. Las magulladuras de sus pies se suavizaron y se pudo poner de pie nuevamente. A pesar de no recordar mucho, ella está convencida que fueron los dos magos cósmicos quienes le regalaron esas baterías "AA". Lo siente con seguridad porque lo primero que escribió fue el nombre de "Alejandra y Alfredo", por eso los "AA".


Sea lo que sea, el cielo, las estrellas o los magos "AA", el agradecimiento es infinito e imborrable…


Cada luna llena es y será dedicada a los doble A, porque es allí donde habitan sus más grandes y geniales ideas llenas de magia...

Comentarios

  1. Sabes que de manera personal te expresé la semana pasada, mi agradecimiento, sin embargo, deseo dejar acá también el testimonio de que tu relato, estimada Jhoja, tuvo un gran efecto terapéutico maravilloso. Creo que pocas veces he sido referente de alguien y el que haya conseguido una manifestación pública de agradecimiento, de una colega a la que estimo, me honra muchísimo. ¡Fue una onda expansiva detonada por nuestra compañera Alejandra! Y ese efecto fue profundo, rejuvenecedor, gratamente espléndido. Sentir que trabajando en dupla, hemos sido capaces de transmitir buena energía, ¡imagínate lo que podremos alcanzar haciéndolo en forma grupal!... ¡Qué tus ánimos se mantengan en alto, en buena sintonía, impulsando a tu espíritu creador a ir siempre más allá! Ya has iniciado con buen pie y tienes puestas "las pilas"... ¡Así que avanza tan alto como quieras!

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