Cuando llegaron otros que le admiraban, ella no daba crédito. Pero una noche sin luna, se despertó sorprendida encandilada por su propio brillo. Comprendió que las mariposas negras en su cuna no eran signos de muerte, sino de renacimiento y transformación.
Comenzó a abrir puertas y ventanas por todos los pasillos de su pasado. Los recuerdos se llenaban de colores insospechados. Esta vez las lágrimas limpiaron los oxidados recuerdos, dejando ver el brillo de una historia asombrosa. Pero el presente era atemorizante, el futuro absolutamente aterrador. No sabía deambular entre colores. Las sombras ofrecían la seguridad de lo conocido e imposible de defraudar. El dolor le era fácil de soportar e imposible de decepcionar.
Pero una vez que mordió el placer, una fuerza imposible de detener le hizo seguir. Y sentía como la luz brotaba por sus poros llenádole de energía. Las sombras se iban escondiendo en los rincones más profundos, hasta que un día no había donde ocultarse.
Y llegó el día en que los miedos, sin tener oscuridad donde esconderse, salieron desnudos a plena luz del día, mostrando sus ridículas armaduras llenas de costuras y empalmes baratos. Pero aún así, eran escabrosos. Las trepidaciones se hicieron presentes en su alma conflictuada, un terremoto le sacudía el cuerpo, un tsunami de recuerdos y angustias se hizo presente. Ella sabía que eran unas marionetas insípidas sin argumento, pero aun así escalofriantes y paralizantes.
Un túnel oscuro la separaba de la luz. Sentía que no podía dar un paso sin desmayar, pero regresar no era opción. Relajó sus defensas y se dejó llevar. Confiando por primera vez en su derecho natal a una existencia en abundancia, aceptando ayuda, atravesó el canal oscuro que la separaba del día eterno. Sin pensar, sintiéndose, se hundió en el agua oscura del pozo sin fondo, ahogando los últimos vestigios de sombras que volvían a su hogar en la fosa profunda y oscura. Mirando a los miedos a los ojos, sujetó la mano que la ayudaba. Sin pretender ser suficiente ni perfecta, salió en pie, riendo y en paz.
Y dicen, que en esa noche fue luna llena, y disfrutó por fin de su propio brillo, que estaba escondido detrás del inmenso túnel que debía atravesar y atravesó.
Un relato que sostiene con firmeza poética la plena convicción de la sanación y el renacer. ¡Felicitaciones!
ResponderEliminarAle pensé que había publicado mi comentario... pero no. Aquí voy de nuevo... me encantó este escrito, un ritmo muy armonioso, un relato precioso, imágenes tan humanas y tan fantásticas a la vez. Te felicito. Sigue así explorando tu poder de maga....me da mucha alegría leerte💥❤️✍️
ResponderEliminar