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El clan crustáceo (Una Aventura Arácnida Parte 8)

 


Pasaron varias lunas. Las suficientes para comprender que nada sería igual a como fue antes de nuestra captura.

Las hembras estábamos comprometidas a aparearnos apenas llegase el momento propicio. Nuestros captores tenían total conocimiento de nuestro proceso reproductivo, (o al menos bastante claro). Y yo me encontraba entre las arañas más aptas para engendrar. Así que me fue concedido un macho ejemplar, a quien conocería oportunamente.

El clan crustáceo poseía un muy cercano parentesco con el clan arácnido. Pero también algunas marcadas diferencias. Ellos ostentaban, además de esas relucientes armaduras, unas largas antenas encima de sus ojos. Por lo que había logrado observar, tenían la capacidad de captar de mejor manera una gran variedad de sensaciones del medio ambiente.

Pero lo que más llamaba mi atención de la estructura de sus armaduras, era una parte conocida como abanico caudal o urópodo. A ese abanico lo formaban cinco piezas móviles, dos exopodios, dos endopodios a sus extremos y un segmento central llamado telson. Había aprendido sus nombres porque ese mismo abanico les propulsaba bajo el agua, permitiéndoles nadar con gran agilidad. Algo maravilloso.

El clan crustáceo eran seres marinos, fuertes, intrépidos, aguerridos; habían forjado sus habilidades siempre en coexistencia con el océano coral y su vasto territorio. Nosotras jamás habíamos formado parte de un entorno semejante. Hasta ese momento, las arañas siempre fuimos seres terrestres. Y aunque nos costara aceptarlo, algunas empezábamos a ver con otros ojos aquella nueva condición.

—¡Esta noche puede que conozcas al fin a tu semental, Lana!

Volteé apenas perceptiblemente mis filas de ojos hacia mi acompañante, una langosta comadrona. Estaba en lo cierto, había alcanzado llenar mi bolsa de seda con casi tres mil huevos. Era el momento de conocer al futuro padre de mis hijos.

—¡Déjanos a solas! —Una voz masculina retumbó con autoridad y aplomo.

La obediente langosta se desplazó cómicamente en retroceso, abandonando rápidamente el aposento en una nerviosa carrerilla.

Al momento quedé entre asombrada y maravillada. Su par de estilizadas antenas me hipnotizaron.

Me sentí muy atraída hacia aquel ser, apenas percibí su presencia, su autocontrol; al sentirlo tan próximo a mí, fuerte, deseoso y viril.

¿Acaso generaba algún efecto afrodisíaco aquella maniobra de seducción?...

Todos mis sentidos arácnidos se agudizaron.

Si aquel encuentro sexual resultaba exitoso, tendría obligatoriamente luego que matarlo.

Pero antes, debía disfrutar ese acto con pasión e intensidad, sin pensar en un mañana.

Continuará

Comentarios

  1. ¡Alfred muy buen capítulo! Una buena liga de llevar a las arañas a entrelazarse con crustáceos. Al final las arañas se adaptan al medio... es una enseñanza. La araña quedó cautivada por el macho y no sabía que luego lo tenía que matar... wow, entonces a disfrutar el momento :). Buen ritmo...

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  2. Una vez más, muchas gracias por tu tiempo e interés estimada Jhoja. Lana, sabe que esa es la condición natural de su raza (Matar al macho luego del acto sexual). En el primer episodio lo explico, haciendo referencia a que ella lo aprendió por su madre. Pero ella nunca había procreado, era su primera vez. Y aunque esa condición es la tradición familiar, puede que en esta oportunidad, resulte diferente... Se está apareando con un crustáceo. Algo inédito, totalmente. Aunque esta condición es debatible a nivel científico, lo estoy usando como recurso creativo para "aderezar la historia". Siento que de plantearse un planeta con estas condiciones específicas entre dos grupos de artrópodos, podría pasar. ¿Tú qué piensas?...

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