Pernotar en aquel bosque solitario nos fue un tanto inquietante. Nuestro ambiente natural como clan arácnido era el mundo subterráneo. Sin embargo, durante muchas lunas, nuestros hábitos fueron mutando. De poseer un habitual comportamiento aislado e independiente en lúgubres y silenciosas cavernas, las distintas especies artrópodas habían logrado coexistir y evolucionar uniendo esfuerzos, transformándonos en comunidades similares a las organizadas hormigas o a las laboriosas abejas. Pero aún estábamos afianzando ese nuevo proceder.
Habíamos aprendido a trabajar en equipo, aportando nuestras habilidades a favor del bien común.
Ese había sido el éxito de nuestra supremacía. Sin embargo, esas mismas cualidades especiales y destrezas únicas, lograron despertar una rivalidad muy cruel hacia nosotras las arañas. Esa misma noche nos fue manifestada con total contundencia. La hambruna en Artrópoda había desatado una cruenta guerra por la supervivencia.
Si bien nuestros reflejos son extremadamente rápidos, no contábamos con el factor sorpresa. Y el efectivo ataque fue coordinado para realizarse en un mismo momento, simultáneamente hacia todo el clan.
Debo admitirlo, aunque me cueste reconocerlo, hubo una excelente estrategia. Fue la emboscada perfecta.
Aguardaron a que nuestro tercer sol se ocultara. La oscuridad que nos envolvía era ahora total; siniestra y seductora a la vez. Duplicando nuestro número, un ejército sigiloso de víboras del desierto consiguió desplazarse desde el interior de la tierra arenosa, a través de delgadas galerías. Gracias a sus poderosos cuernos, fueron excavando túneles hasta llegar al propio suelo en donde estaba instalado nuestro campamento.
No hubo oportunidad de dar ninguna alarma. El ataque en simultáneo nos imposibilitó avisarle a nadie.
Las sagaces serpientes no buscaron atacarnos o hacernos daño. Usaron con astucia nuestras mismas camas para envolvernos y empaquetarnos a todas, haciendo girar muchas veces cada una de las literas tejidas en tela de araña a gran velocidad por sus extremos, buscando que nuestro peso y la propia gravedad, ayudaran con el proceso.
Quedamos paralizadas, estupefactas. Sentimos una rabia y una impotencia como nunca antes.
Por primera vez, habíamos quedado atrapadas en nuestra propia red.
Continuará

¡Wow Alfred, Este capítulo está muy bueno! Un ritmo bien activo y el suspenso creado por las serpientes me encantó. Qué miedo que las las serpientes enrrollaron a las arañas en sus propias telas. El pulso de la lectura lo mantiene a uno alerta de principio a fin :) . !Sigue así!
ResponderEliminar¡Muchas gracias Jhoja!
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