Ir al contenido principal

La hambruna (Una Aventura Arácnida Parte 3)


Ese cambio tan radical nos tomó a todos por sorpresa. Algunas llegamos a pensar que se iniciaba el fin de nuestra existencia. ¿Exagerado? Tal vez. Nuestra raza arácnida siempre ha contado con la capacidad de planificar estrategias, definir objetivos y lograr resultados en cuanto a nuestra alimentación y supervivencia. Poseemos normas y procedimientos muy específicos de cómo cazar, almacenar y administrar nuestras provisiones con rigurosa precisión. Pero nuestros instintos más profundos nos daban una clara señal de alarma máxima.

—Debemos migrar ahora o todas moriremos de hambre.

Nunca hemos contado con una figura líder, pero la hermana araña que nos dio esa instrucción, era muy admirada y respetada por el clan. Yo la observé en silencio, al igual que el resto, comprendiendo que había llegado el momento de iniciar una extraordinaria misión.

—No tenemos alternativa. Estamos enfrentando por primera vez una terrible hambruna. Todas ya lo hemos aceptado. Por lo que se hace fundamental que nos agrupemos y emprendamos la búsqueda de alimento en las cuatro direcciones posibles.

—Pero, Lana, hacia el sur sabes que finaliza el desierto y están las costas del océano coral, ¿no crees que deberíamos descartar esa opción?...

—Esta vez no. Yo misma me dirigiré hacia allá. Descartar opciones de encontrar alimentos por reconocer que estaríamos en desventaja frente algún enemigo, es un riesgo que estoy dispuesta a correr.

Inmediatamente y con extraordinario orden de formación, todo el clan se fragmentó en cuatro grupos. Los tres primeros eran numerosos y compactos, pero el mío apenas lo constituíamos unas cuantas arañas verdiazules.

—Por lo visto quienes apuestan por ti son las más jóvenes e inexpertas. —Comentó con aire resignado Guzu, una de las tarántulas Goliat que lideraba el ejército más grande y prometedor.

Todas nos dimos la espalda en segundos. Mis seguidoras y yo nos orientamos hacia el sur, tal cual lo había decidido. Tenía claro internamente, que hacia cualquier dirección que nos desplazáramos, obtendríamos al menos la posibilidad de encontrar alguna presa. Todas habíamos rebasado el tiempo límite de espera. Estaba claro para todas nosotras que, a partir de ese momento, dejábamos de ser pasivas y sedentarias para transformarnos en criaturas nómadas, aunque eso nos llevase a tener que enfrentar peligros insospechados. 

Alzamos la vista hacia el horizonte; el desierto era una inmensa explanada color arena pálido. Algunas montañas se lograban percibir a lo lejos. Sobre el cristalino cielo color ámbar, flotaban frente a nosotros los rojizos soles tripartita. Aquellas tres estrellas incandescentes que hacían posible nuestra existencia en Artrópoda, estaban en aquel momento del día siendo nuestra guía, indicándonos de manera celestial nuestro destino.

Continuará.

Comentarios

  1. Alfred muy bien narrada la historia de las arañas. Hilvanas muy bien las imágenes con las palabras. El texto me llevó como a Disney... esas historias de animalitos que luego se convierten en personajes animados. Por mi parte no sé mucho de las arañas y en serio estoy aprendiendo sobre ellas cuando te leo. Continuará 👏🕷🕷🕷

    ResponderEliminar
  2. Muy amable estimada Jhoja. Saber que estás en sintonía con esta nueva aventura me complace mucho, Sí, puede que te de esa sensación de animalitos animados, pero puedo expresarte que, así como la raza humana logró la supremacía en la Tierra, en Artrópoda las arañas son seres inteligentes y evolucionados. Pero, como su raza deberá pasar una dura prueba para lograr su siguiente etapa evolutiva. Imagínate la prehistoria nuestra, con su crudeza y peligros para subsistir. Así, pero con otros matices y siempre bajo la óptica de una araña evolucionada, va esta nueva historia. Quizás te parezca Disney, pero me quiero ir más al estilo DreamWorks, realista, filosófico y crudo. (O intentar acercarme a ese concepto). ¡Yo también estoy aprendiendo mucho sobre arácnidos y son fascinantes!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Delirio de luna negra

   (Acuarela realizada por Karina Briseño). Tenía días percibiendo un terrible y nauseabundo olor a quemado, cada vez que lo olía le entraba un escalofrío en todo el cuerpo. Se preguntaba de dónde vendría ese olor tan desagradable. Catalina estaba terminado una de sus investigaciones de física cuántica más esperada, mejoraría la imagen de equipos de resonancia magnética para detección de cáncer. Estaba feliz que ya casi culminaba un trabajo muy largo y arduo; en el que había puesto toda su energía, pronto le daría fin. Su felicidad no era tanta por culminar, ni por lo que trataba, era porque se retiraría de lo que hacía. Amaba la ciencia, pero sentía un vacío enorme. Se preguntaba a diario porque se sentía tan turbia, tan aburrida, si hacía todo lo que quería. Le gustaba lo que hacía pero sentía debía estar en otra parte. De niña soñaba con viajar al espacio, miraba el cielo, las nubes, el sol, adoraba las estrellas fugaces y todo lo que tuviese que ver con el firmamento. A...

El Coach Imaginario

  «Primavera» Óleo sobre tela de Liz Gridley Voy a confesarles algo. El día que finalizamos el curso de Escritura Creativa en el CELARG en el año 2008, por cosas del destino cruel, uno de los representantes encargados de esa institución nos expresó categórico: —Ustedes todavía no son escritores. Este apenas es el inicio de una larga carrera. Quince años después reconozco que ese señor no estaba equivocado del todo. Fuimos una muy bonita y entusiasta cofradía de «pichones de escritores y escritoras». Doce afortunados participantes (tal cual discípulos de Jesús). Aunque esta vez, nuestra líder era una fascinante mujer con poderes extraordinarios: Nuestra sabia facilitadora Penélope Hernández . Penélope desde el primer día del Taller nos preguntó a todos los presentes, que en ese momento éramos como unas veintitantas personas: —¿Ustedes se consideran escritores?... Yo a ustedes sí. Sinceramente. Las caras perplejas, los murmullos y el desconcierto aún flotan en mi memoria. Reflexioné...

Una flor del caribe en las nieves eternas

Extrañaba tu aroma tanto. Tardé años en reconocer que más que tus colores cálidos y tus azules, tu aroma me hacía falta. Fue la última pieza que completé, para saber que te necesitaba a ti, y no había reemplazo. Tus colores. Tu dorado, pálido y brillante, me atrajo desde niña. Tantas veces me invitaste a construir los más atrevidos y efímeros fuertes para todos mis sueños. Tu calor es envolvente, aunque ardiente a veces. Me devoras en segundos y siento que tenemos la misma temperatura tras breves instantes de nuestro encuentro.  Tus azules y verdes cristalinos siempre fueron hipnotizantes para mí. Me recordaban los ojos infinitos de mi amor de infancia. Mi abuela, quien me llevó a conocerte y me enseñó a amarte.  Tu sabor, complejo y necesario. Demasiado para comerte a boca llena, pero vivir lejos es una condena insípida.  Tus sonidos constantes y rítmicos, a veces severos y estruendosos, a veces un susurro que me duermen y me envuelven. Siempre presente cuando estoy cerc...