En Artrópoda, nuestros tres soles nos permitían un modo natural y preciso de medir el tiempo. A medida que fuimos avanzando, nuestro instinto arácnido se activó. Todas sabíamos que nos estábamos acercando a una zona boscosa peligrosa y desconocida. Aunque visualmente, hasta los momentos, no se lograba apreciar ningún rastro en el horizonte. El viento traía ese mensaje, flotaba un agradable y sutil aroma a sauce del desierto.
—Podremos llegar justo cuando se oculte Rojo, el primer sol. —Comenté en voz alta.
Avanzábamos a un ritmo constante. Poseer cuatro pares de piernas, nos brindaba un desplazamiento rápido y fluido a través de las extensas arenas. Antes, nuestros ancestros poseían patas, las nuestras habían evolucionado, siendo ahora mucho más robustas, grandes y poderosas. Pero el desgaste energético seguía siendo el mismo; estábamos poniendo a prueba nuestra capacidad de resistencia en aquel maratónico desplazamiento. No todas iban a lograrlo.
—¡Se aproxima una amenaza!
Mi grito fue una confirmación en voz alta de algo que ya todas sabíamos. Supongo que por segundos me atacó un tonto nerviosismo. Un arácnido nunca duda. Siempre está preparado ante cualquier situación. Siempre se anticipa. Logra ganar ventaja frente a cualquier adversario. Es un ser superior.
—¡Deténganse! ¡Todas en formación protectora! ¡Ahora!
La instrucción fue acatada al instante. De estar agrupadas en seis filas, pasamos a formar un círculo compacto, una sólida y verdeazulada cúpula viviente.
El silencio en ese momento era absoluto. Luego, un muy discreto desplazamiento de las arenas en forma de siseo, hizo que reconociéramos de antemano la presencia de una amenazadora víbora cornuda.
—¡Quelas en posición!
Aquella criatura nos confrontó con arrogancia y determinación. Suponíamos que, para ella, seríamos un estupendo festín, que la saciaría satisfactoriamente. En su enorme cabeza triangular resaltaban dos cuernos dispuestos por encima de sus penetrantes ojos, los cuales fulguraban de hambre y voracidad.
Todas las trecientas lanzas cargadas con nuestros aguijones apuntaban hacia ella. El zigzagueo natural de la serpiente al desplazarse, estaba en sincronía con nuestra artillería. Sorpresivamente, el temible reptil se alzó, buscando abalanzarse sobre nosotras, abriendo la boca desmesuradamente, mostrando sus afilados colmillos.
No hubo necesidad de dar la orden, todas al instante y con certera puntería disparamos nuestras quelas hacia el cuerpo de aquella criatura del desierto. A pesar de su piel cubierta de duras escamas, prácticamente todos los dardos venenosos lograron penetrarla, aplicándole nuestra encima venenosa. La bestia cayó fulminada, como un árbol abatido por un rayo. La formación inicial de cúpula se fragmentó en dos partes iguales, apartándonos hacia los lados, evitando que fuésemos aplastadas.
Y fue así que casi enseguida, nos dispusimos a fragmentar en muchas raciones nuestro botín. Comer podría esperar. Ya estábamos abastecidas. Nuestra alegría por el éxito obtenido nos hizo culminar el resto del trayecto en pocos saltos. ¡Sabíamos que podíamos hacerlo, nos lo habíamos ganado!
Exhaustas y muy hambrientas, hicimos nuestro campamento en una zona del bosque que encontramos apropiada. Era nuestra primera vez pernotando todas juntas. Las arañas somos expertas tejedoras, por tal razón nuestra única condición era elegir cuatro árboles equidistantes, que nos permitiese usarlos como bases para confeccionar nuestras literas con hilo de seda. En cada cama podríamos resguardarnos y descansar cómodamente. Además, estaríamos durante la noche, interconectadas en caso de cualquier nuevo peligro.
Recobramos fuerzas, pero dormir; ninguna lo hizo del todo.
Continuará

Alfred muy buen ritmo, suspenso con la bestia de la serpiente y unas imágenes muy buenas. Todo el equipo de las arañas sigue viento en popa su viaje🙌... continúa 💫
ResponderEliminar¡Complacido que seas tú Jhoja, quien haga la primera lectura a mi texto y realice su amable comentario...! ¡En breve subiré el quinto episodio! ¡Me gusta mucho la forma que va tomando la narración! Gracias por tu tiempo.
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