Pasaron unos cortos e inquietantes instantes antes que uno a uno, cada capullo de seda fuese abierto. Nuevamente aquellas tenazas fueron la herramienta perfecta. Al principio pensé que habíamos sido atrapadas por el clan de los escorpiones. Pero no. Con fina precisión cada araña fue liberada de nuestra prisión, luego nos despojaron de nuestras armas. Y así logramos enfrentarnos cara a cara con nuestros captores. Era el temido clan crustáceo.
—¿Vivir o morir? Contesta ya.
—Morir.
Con las mismas tenazas que fácilmente habían desgarrado nuestra dura envoltura de seda, así mismo aquel verdugo, cuyo aspecto era bastante similar al nuestro, a excepción de tener gran parte de su cuerpo recubierto con una reluciente armadura, se encargó de ejecutar a una de mis rebeldes compañeras a sangre fría.
La misma pregunta fue otra vez formulada. La misma respuesta.
Nunca antes habíamos experimentado el miedo. Tampoco esa sensación tan desagradable, y hasta ahora inédita, de sentirnos intimidadas. Pero ver como una tras otra, aquellas que habían decidido morir antes que rendirse, estaba provocando lentamente una reacción cada vez más intensa y cruda de desesperación en mí.
—¡Alto! ¡Basta! —Grité a todo pulmón. Más de la mitad del clan se encontraba inerte sobre su propia sangre, empapando poco a poco su manto de seda.
—¡Silencio! O no tendrás tiempo de elegir cuando sea tu turno. —Dijo con dureza el verdugo que se encontraba más próximo.
Había captado el mensaje. Era inútil forzar al destino.
Casualmente, había quedado en el medio del grupo. Nos habían colocado en una larga fila, paralela a aquella masa de agua verdeazulada en constante movimiento. Mi visión periférica captaba que al parecer nos encontrábamos frente al océano coral. En unas arenas humedecidas por aquellas aguas que se balanceaban constantemente. Jamás había estado en un espacio como ese. Nosotras habíamos solo escuchado algunas referencias imprecisas sobre su existencia. Me sentía mareada y con nauseas.
La próxima araña que respondió a la infame pregunta me sorprendió.
—¿Vivir o morir?...
—Vivir.
Ahora sabía que de algo había servido mi grito, por lo menos para frenar aquella masacre.
Y así, nuestro orgullo fue doblegado a partir de ese histórico momento. Menos de la mitad de nosotras nos mantuvimos con vida. Sin saber en lo absoluto lo que vendría después. Aunque de algo estaba segura, no estaba dispuesta a dejar de luchar.
Continuará

Que sigue, que sigue ....
ResponderEliminar¡En breve lo sabrás!...
ResponderEliminar¡Qué malvados crustáceos! Son unos despiadados... pobres las arañas que sacrificaron sus vidas para que las demás aprendieran a escoger la vida como opción. Por lo menos llegaron cerca del mar... allí los pulmones se les llenan de oxígeno... vas muy bien Alfred :) .... ¡Pendiente del próximo capítulo!
ResponderEliminar¡Saludos estimada Jhoja! Gracias por comentar. Veo la fecha y me sorprende, en verdad que no me había percatado que habías pasado por acá. Esta parte de mi historia desea reflejar que hay momentos cruciales en el que nos toca ceder ante una situación extrema, pero que esa postura no nos descarta seguir afrontando nuevos desafíos. Ya está disponible la continuación, y en breve otro nuevo avance. ¡Respirar aire marino es muy saludable y estimulante! Si no, pregúntale a Ale... :)
Eliminar