Ir al contenido principal

Y pasó en Yucatán


Dicen que hace millones de años los dinosaurios gobernaron el planeta. Dicen que todo acabó de imprevisto cuando un meteorito abrió la península de Yucatán elevando una nube de polvo que impidió al sol alimentar a las plantas. Los herbívoros sin alimento fallecieron, y tras ellos los carnívoros que tampoco tenían que comer. Solo los pequeños mamíferos fueron capaces de sobrevivir escondidos en los resquisios bajo tierra, donde la nube de polvo no llegaba. Allí, donde luego se erigía el imponente imperio Maya, un impacto creaba cuevas secretas y misteriosas que se llenarían de agua de lluvia y le daría alimento a los nuevos soberanos.

Dicen que luego de construir pirámides asombrosas, un día sin previo aviso todo quedó abandonado. Unos dicen que se secaron las aguas sagradas de los profundos cenotes y empezaron a migrar hacia el sur. Otros dicen que se quedaron fuera de la vista de los cazadores de oro, quienes llegaban hambrientos en barcos cruzando el océano.

De pronto, un nuevo impacto llegó de imprevisto en la vibrante Riviera Maya dejando todo vacío una vez más. Esta vez el sol siguió brillando, había suficiente agua para todos, pero los invitados dejaron de asistir al encuentro. Las calles y playas quedaron vacías sin aviso. La música se cansó de sonar en lugares vacíos, las luces se apagaron sin tener a quien iluminar. Todos se habían escondido una vez más, para estar lejos de la nueva nube tóxica. 

Desconcertados, los Mayas de la modernidad aceptaron su soledad y donde reinó la fiesta y el disfrute, ahora quedaba diezmado por el miedo y la dolencia. Y abandonaron sus hogares una vez más, buscando alimentos y recursos, porque ahora sol y agua no bastaban. Sin invitados no hay fiesta, así que la celebración terminó sin estar en los planes.

Disfrutando de  la soledad y el silencio ancestrales, los mamíferos y reptiles retomaron el espacio del que habian sido desplazados. Una visión apocalíptica sin humanos, mostraba la profecía Maya del fin del mundo cumplida. 

Y un día sin anuncio, en un año fuera del calendario, comenzaron a llegar otra vez personajes forarenos desde distintas latitudes, y la música comenzó a vibrar de nuevo, las luces se encendieron, los animales huyeron y el imperio volvió a brillar en su esplendor festivo. Porque a pesar de los meteoritos, los calendarios o las pandemias, la Riviera Maya con su magia caribeña renace en sus cenizas una y otra vez, mostrando su belleza inacabable, más allá del tiempo, las guerras, las ambiciones y los miedos.

Comentarios

  1. ¡Siempre es muy grato apreciar tus aportes colega!... Siento que ahora estás dando a conocer lo que te habrán contado o habrás escuchado en esas tierras aztecas. ¡Interesante! Tu voz narrativa es serena, reflexiva. Nos ofrece una lectura agradable y disfrutable. ¡Te felicito!

    ResponderEliminar
  2. Muy bonito escrito Ale :) . Mientras leía me transporté a la Riviera Maya sin nunca haber estado allí. Se escucha super poderoso ese lugar que renace de sus propias cenizas. Tu visión transmite sinceridad y mucha paz. Me encantó el final "más allá del tiempo, las guerras, las ambiciones y los miedos."

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Delirio de luna negra

   (Acuarela realizada por Karina Briseño). Tenía días percibiendo un terrible y nauseabundo olor a quemado, cada vez que lo olía le entraba un escalofrío en todo el cuerpo. Se preguntaba de dónde vendría ese olor tan desagradable. Catalina estaba terminado una de sus investigaciones de física cuántica más esperada, mejoraría la imagen de equipos de resonancia magnética para detección de cáncer. Estaba feliz que ya casi culminaba un trabajo muy largo y arduo; en el que había puesto toda su energía, pronto le daría fin. Su felicidad no era tanta por culminar, ni por lo que trataba, era porque se retiraría de lo que hacía. Amaba la ciencia, pero sentía un vacío enorme. Se preguntaba a diario porque se sentía tan turbia, tan aburrida, si hacía todo lo que quería. Le gustaba lo que hacía pero sentía debía estar en otra parte. De niña soñaba con viajar al espacio, miraba el cielo, las nubes, el sol, adoraba las estrellas fugaces y todo lo que tuviese que ver con el firmamento. A...

El Coach Imaginario

  «Primavera» Óleo sobre tela de Liz Gridley Voy a confesarles algo. El día que finalizamos el curso de Escritura Creativa en el CELARG en el año 2008, por cosas del destino cruel, uno de los representantes encargados de esa institución nos expresó categórico: —Ustedes todavía no son escritores. Este apenas es el inicio de una larga carrera. Quince años después reconozco que ese señor no estaba equivocado del todo. Fuimos una muy bonita y entusiasta cofradía de «pichones de escritores y escritoras». Doce afortunados participantes (tal cual discípulos de Jesús). Aunque esta vez, nuestra líder era una fascinante mujer con poderes extraordinarios: Nuestra sabia facilitadora Penélope Hernández . Penélope desde el primer día del Taller nos preguntó a todos los presentes, que en ese momento éramos como unas veintitantas personas: —¿Ustedes se consideran escritores?... Yo a ustedes sí. Sinceramente. Las caras perplejas, los murmullos y el desconcierto aún flotan en mi memoria. Reflexioné...

Una flor del caribe en las nieves eternas

Extrañaba tu aroma tanto. Tardé años en reconocer que más que tus colores cálidos y tus azules, tu aroma me hacía falta. Fue la última pieza que completé, para saber que te necesitaba a ti, y no había reemplazo. Tus colores. Tu dorado, pálido y brillante, me atrajo desde niña. Tantas veces me invitaste a construir los más atrevidos y efímeros fuertes para todos mis sueños. Tu calor es envolvente, aunque ardiente a veces. Me devoras en segundos y siento que tenemos la misma temperatura tras breves instantes de nuestro encuentro.  Tus azules y verdes cristalinos siempre fueron hipnotizantes para mí. Me recordaban los ojos infinitos de mi amor de infancia. Mi abuela, quien me llevó a conocerte y me enseñó a amarte.  Tu sabor, complejo y necesario. Demasiado para comerte a boca llena, pero vivir lejos es una condena insípida.  Tus sonidos constantes y rítmicos, a veces severos y estruendosos, a veces un susurro que me duermen y me envuelven. Siempre presente cuando estoy cerc...