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Seres de Otro Mundo (Una Aventura Arácnida Parte 12)

 


I

—Lana, bucear a través de esa materia oscura me mataría al instante, ya te lo he comprobado. Solo tú tienes esa habilidad de caminar sobre el océano, es la única forma de avanzar hacia esa cosa.

—Estoy segura que, si me acompaña majestad, podremos resolver este misterio juntos.

—¿Y cómo piensas que lo hagamos?...

—Solo necesito saber algo antes… Respóndame ¿Seremos pareja cuando nazcan nuestros hijos?... ¿Existe un vínculo entre nosotros?...

Alan quedó boquiabierto unos segundos. Notaba una emoción muy especial en él… Los tres soles nos iluminaban a contraluz desde el horizonte. Estábamos frente a frente flotando en el mar. Podía apreciar sus facciones con claridad, en especial sus dos antenas, que me hipnotizaban con su vaivén.

Lo que estaba a punto de decirme, definiría para siempre nuestro destino.

—Nuestro encuentro fue, en un primer momento, una acción desesperada. Mis consejeros buscaron la alianza con el clan de las serpientes del desierto para lograr someter a tu clan. Teníamos como fin utilizar a las arañas como única posibilidad de preservar a nuestra especie. Más de tres cuartas partes de la vida marina había muerto después de la caída de ese objeto desde el espacio. Esa fue la causa de la hambruna. Hubo un desequilibrio que se extendió por toda Artrópoda. Fuimos hostiles con ustedes por saber que no aceptarían un trato semejante. Ustedes nunca se han apareado con otras especies.

—Eso es cierto. Así ha sido desde siempre. Pero ustedes nos hicieron escoger entre vivir o morir.

—¡Quise ser lo más justo posible! ¡No teníamos otra opción! Sin su ayuda voluntaria, toda nuestra raza se habría extinguido; era necesaria una solución extrema. Como rey crustáceo me correspondía fecundar a la mayor cantidad de arañas hembras que pudiese. Pero, los primeros encuentros fueron totalmente un fracaso. Estuve por varios días muy estresado. Era copular o morir. La ansiedad y la frustración se apoderaron de mí.

Hasta que te conocí.

—¿Cómo?... —Me empezaba a sentir otra vez estúpida, pero muy emocionada en seguir escuchando a mi rey.

—Lana, tú te entregaste a mí. Nada ocurrió forzado. Esa noche fue muy especial. Y las cosas de esa manera me hacen reconocer que nuestro encuentro fue algo más que una cópula desesperada. Mucho más. Tal vez no te diste cuenta, pero me insististe que me quedara un largo rato a tu lado. Deseabas ver el amanecer conmigo. Decías que algo tan bonito y especial debía durar para siempre.

—Era mi primera vez.

—De la forma que pasó contigo, siento que para mí también lo fue. ¡Y ahora vamos a ser padres de tres mil hermosos seres mixtos! ¿No es maravilloso?... ¡Nuestras razas fusionadas!

—Cleo me dijo que estabas muy emocionado, feliz. Que nunca te había visto así.

—¡Sí, realmente lo estoy! ¿Tú no?...

—Debía matarte luego de la cúpula. Esa es nuestra tradición, mi deber como hembra araña.

—¿Y quién te dijo que no lo intentaste?... Los sabios me advirtieron de esa condición. De hecho, por cosas del destino, pude haber muerto hace varias lunas atrás. Pero las arañas solo matan si el macho logra fecundarlas. No si el intento es fallido.

Pero tú, esa noche desististe. Yo estaba dispuesto a morir por ti, Lana. Y todavía lo estoy.





II

—Suba a mi abdomen y sujétese. —El rey Alan obedeció mi instrucción sin dudar.

—Había escuchado lo fuerte que son las arañas. Incluso su capacidad de poder soportar hasta 170 veces su propio peso, ¡pero esto es en verdad increíble!

Mientras el rey Alan me elogiaba, yo ya estaba avanzando y acelerando mis pasos progresivamente sobre el océano coral. Sabía que mientras más rápido nos desplazáramos, sería más seguro para ambos la travesía oceánica.

No deseaba arriesgar la misión. Confiaba en mi habilidad arácnida; era esa sensación de inseguridad que me producía estar junto a él a lo que en verdad le temía.

—¡Si nos hundimos moriremos al instante!

—Eso no lo permitiré. Falta poco. Sujétese bien majestad, voy a saltar.



Literalmente volamos por un instante describiendo un largo arco en el cielo. Descendimos de forma segura sobre la estructura que había caído desde el espacio. Me percaté al instante que no era orgánica, ni de material alguno existente en nuestro planeta. Poseía un color blanco crema, y muchas irregularidades en su superficie, la cual era parcialmente cilíndrica. Alan descendió de mi espalda para luego decirme:

—Debemos encontrar alguna entrada. Hay que descubrir qué hay dentro.

Alan se irguió. Sus antenas intentaban captar alguna presencia. Mientras tanto yo activé mi instinto arácnido, que esta vez estaba funcionando en base a la intuición y posibilidad de lograr encontrar alguna entrada o acceso al interior de esa extraña isla artificial chamuscada.

—Separémonos.

—Está bien.

Alan inspeccionó los espacios más cercanos al mar. Yo en cambio, busqué recorrer de extremo a extremo los lugares más altos. Mi instinto me llevó por fin a una placa de donde todavía brotaba aquella sustancia pestilente que contaminaba las aguas del océano coral. Un poco más abajo estaba otra loza del mismo material, pero ligeramente fracturada. Con la ayuda de Alan podríamos forzarla y entrar. Lo llamé y acudió a mí con rapidez.

—Hagámoslo. —Alan era fuerte y voluminoso, pero aquella maniobra requirió ingenio para removerla lo suficiente para colarnos dentro de aquella fortaleza. Gracias a sus fuertes tenazas logramos el cometido.

Entramos con cautela.

—¿Esto es real?... Me cuesta creerlo.

—Sí. Definitivamente esta cosa llegó del espacio. De algún otro planeta desconocido.

Con asombro y sigilo nos dimos cuenta que estábamos frente a una vivienda destruida que seguía iluminada de manera artificial. Encontramos seis cápsulas como capullos agrupadas en forma de pétalos, estaban cubiertas por una coraza traslúcida, dura y hermética. Dentro reposaban inertes seis cuerpos de apenas cuatro extremidades, las inferiores un poco más largas que las superiores. No logré distinguir de momento a los machos de las hembras, sus cabezas diminutas revelaban sus extrañísimos rostros. Tenían solo dos ojos, y unas líneas de pelos sobre ellos, rústicas fosas nasales y una diminuta boca. Su piel carecía casi de vellos. Era pálida y frágil. Al igual que su tamaño, bastante pequeño en comparación con cualquier criatura viviente en Artrópoda.

—Están muertos, ¿cierto?... Parece que dormían antes de perecer. Su aspecto es relajado y sereno.

—Es posible. —respondió Alan— Ahora debemos buscar la forma de sacar esta madriguera del océano. ¿Has pensado la forma de hacerlo Lana?...

—Sí. Para lograrlo, los arácnidos y los crustáceos tendremos que trabajar en equipo. Es necesario reunir ambos clanes y organizarnos. La estrategia que tengo en mente requiere esa alianza. Debemos purificar al océano de esa sustancia letal, y enterrar luego esta cosa en tierra firme.

—De esa última parte se podrán encargar las serpientes del desierto. Hagámoslo.



III

Al volver el rey crustáceo convocó una asamblea pública extraordinaria. Sus consejeros estaban sorprendidos y maravillados al mismo tiempo.

—¿Su majestad ha logrado encontrar una solución a tan terrible mal?...

—Ha sido posible gracias a Lana… A la Princesa Lana, quiero decir. A esta nueva alianza, entre arácnidos y crustáceos. Artrópoda requiere que, por primera vez, se establezca un nuevo comienzo. Estamos a la espera del nacimiento de nuestra nueva descendencia. Faltan pocas lunas. Nos sentimos muy emocionados y felices. ¡Nuestros hijos serán la nueva generación en Artrópoda! ¡Coincidirá con la proclamación como Reina, de la Princesa Lana!

Se hizo un repentino silencio. Luego se escuchó una sonora y alegre ovación. Cleo la langosta, aplaudía con nerviosismo, sensiblemente emocionada.

—He dado instrucciones al clan escorpión para que reúna lo más pronto posible al clan arácnido. En poco tiempo llegarán para estar al mando de la Princesa Lana, al igual que todo mi ejército de guerreros crustáceos. Como ya les relaté, solo los arácnidos pueden desplazarse sobre la superficie del océano coral. Ellos nos transportarán de forma segura hasta el extraño objeto que cayó del cielo.

—¿Y cómo piensa su majestad arrastrar semejante camastrón?... —Le cuestionó el más escéptico de los consejeros al Rey Alan.

—Esa solución se las va a revelar su futura reina. —Alan se hizo a un lado en el podio, volteando hacia mí. Estaba a pocos pasos de él. La Gran Roca, era el lugar desde donde todo el clan crustáceo escuchaba las palabras de sus gobernantes.

Avancé con aplomo y al instante. Estaba mucho más segura de lograr mi cometido. Me sentía extasiada y especialmente cómoda de hablar y revelar mi estrategia. La importancia de acabar con la hambruna era el principal propósito. Restaurar el equilibrio natural. Haber logrado, como mi madre, copular y fecundar con un buen ejemplar, me tenía adicionalmente radiante y llena de júbilo. Mucho más ahora, que estaba por nacer una nueva generación.

—Gracias majestad. Somos dos clanes similares, aunque cada uno posee particulares diferencias. Nuestras habilidades han sido siempre potenciadas por la práctica, la dedicación y el empeño diario. Los crustáceos son seres marinos, nosotras somos seres terrestres. ¡Pero nada más maravilloso que ahora podamos coexistir en ambos mundos! Y luego de mi misión con el Rey Alan, estoy convencida que ambas razas pueden potenciar un mejor futuro para todos.

Mis compañeras y yo, nos encargaremos de envolver con nuestra seda de araña, toda esa isla artificial. Realizaremos los suficientes anclajes para que todo el ejército crustáceo pueda desplazar suficientes hilos de seda, hasta la costa. Una vez que los tengamos sujetos, la arrastraremos hasta tierra firme. Ya ahí, podremos encontrar un lugar en el desierto donde enterrarla con la ayuda de las serpientes cornudas.

—¡Qué viva la Reina Lana! ¡Qué viva! —La ovación hizo humedecer de felicidad mis cuatro pares de ojos. 

Alan se acercó hasta mí. Gentilmente, levantó una de mis extremidades con su tenaza, exclamando a plena voz:

—¡Qué viva nuestra futura majestad!

—¡Qué viva!


Dedicado con total aprecio y agradecimiento a mis colegas del blog «Tintero de Fuego».

Alfredo Mambié
4 de abril de 2023

Comentarios

  1. Alfred ¡Qué gran final! Me conmovió mucho toda la historia. Las imágenes que usas son increíbles. Me encanta la fusión de dos especies totalmente diferentes y a la vez parecidas por su gran trabajo en equipo. El suspenso a lo largo de la historia, hace que uno quiera llegar al final ya. Me encantó el final, ahora un mundo lleno de diversidad, se fusiona y todas las criaturas trabajarán en equipo. La hambruna ya estará pronta por terminar. Aparte de usar un gran ritmo, educas al lector sobre el mundo arácnido. Te felicito Alfred!!! Excelente trabajo :)

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    Respuestas
    1. ¡Completamente honrado, complacido y muy feliz de leer tus impresiones, estimada Jhoja!... Fue gracias a todos ustedes que este relato fue posible. Como colegas de aquel maravilloso Taller de Escritura en el CELARG, la comunión dentro de ese espacio para nosotros fue algo especial, transcendente y muy valioso. Del 2008 hasta el 2023, en ese período de tiempo, se fue perfilando mi voz, mi estilo personal, para intentar tener la capacidad y el control de saber contar historias. Cada obra es un intento. Un ejercicio. Ahora te revelo que el divertido personaje Cleo, la langosta comadrona (y chaperona) de esta historia, servicial, cariñosa, leal y apoyo de Lana, fue inspirada en ti. Espero que lo sepas, y que lo asumas como un "pequeño secreto". ¡Muchas gracias por tanto! :)

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    2. Alfred!!! Acabo de leer este comentario. Muchísimas gracias por haberte inspirado en mí para Cleo! De verdad me siento muy honrada... ¡me da mucha emoción! Muchas Gracias a ti por todo lo que enseñas, por todo tu arte y por tu gran compañerismo. Un gran abrazo super Alfred :)

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