Dicen que nació en cuarto menguante. Ella era luz, pero los otros a su alrededor solo veían las sombras. La llenaron de dudas y miedos oscuros, hablándole de signos de muerte y dolor. Deambuló caminos encumbrados, sufriendo un destino que no le pertenecía. Miraba a través de sus ojos empañados, hinchados de llorar lágrimas amargas por penas impuestas. Al cabo de unos años, había enturbiado su brillo y eclipsando su luz. Cuando llegaron otros que le admiraban, ella no daba crédito. Pero una noche sin luna, se despertó sorprendida encandilada por su propio brillo. Comprendió que las mariposas negras en su cuna no eran signos de muerte, sino de renacimiento y transformación. Comenzó a abrir puertas y ventanas por todos los pasillos de su pasado. Los recuerdos se llenaban de colores insospechados. Esta vez las lágrimas limpiaron los oxidados recuerdos, dejando ver el brillo de una historia asombrosa. Pero el presente era atemorizante, el futuro absolutamente aterrador. No sabía deambu...