Muchas veces me he sentido un tanto culpable. Mi último recuerdo antes de abandonar definitivamente mi antiguo hogar, fue haber devorado a mi madre (literalmente) por agotarse el tiempo para ella lograr cazar una presa cualquiera, que permitiese alimentar a mis doscientos cuarenta hermanos y a mí y no muriésemos de hambre.
Provengo de una familia paciente y con mucha determinación (aunque no somos muy aficionados a congeniar con otros grupos o parientes cercanos). Somos seres solitarios, autosuficientes y muy seguros de nuestro potencial. Hay quienes afirman que poseemos súper poderes. Suena exagerado, pero los arácnidos somos capaces de cargar ciento setenta veces nuestro propio peso, mientras caminamos boca abajo (sin caernos por su puesto), permanecer varias horas respirando bajo el agua, saltar con extrema facilidad largas distancias o incluso volar de ser necesario.
Pero, llegó un momento en que nuestro suministro alimenticio comenzó a escasear. Vivíamos en una espaciosa cueva subterránea, ubicada en una zona desértica y solitaria. En su interior sus laberintos eran un fascinante terreno de juego para mis hermanas y hermanos. Repleta de ingeniosas trampas para lograr cazar sin problemas a nuestras presas o persuadir a cualquier intruso.
Mis hermanos recuerdo, estando pequeños, lucían un vistoso verde azulado metálico en su cuerpo, color que se producía gracias a nanocristales que variaban de tonalidad, dependiendo de la incidencia de la luz en ellos. Nosotras en cambio, desde pequeñas hasta que lográramos la adultez, luciríamos un atractivo color azul, distintivo de las hembras de nuestra especie. Su vida era más corta que las de nosotras.
Por tal razón, pese a todo aquello, avanzaba orgullosa y confiada. Mi tiempo para completar mi misión había llegado. Debía alcanzar de algún modo un nuevo refugio al igual que ella. Acondicionarlo del mejor modo, hacerlo tal cual lo había llegado a realizar mi madre: Confortable, amplio y seguro.
Ella, había alcanzado su meta; encontrar a mi padre, un fabuloso ejemplar. Una vez que lograron copular, ella sola fabricó de pura y fina seda, el gran saco en donde colocó dos mil huevos durante diez semanas. Su habilidad hilando hasta siete tipos de seda, era fascinante.
Ella devoró a mi padre luego de que él la fecundara (literalmente). Es el sacrificio que sucede en mi familia, una tradición que se remonta desde hace muchas, muchas lunas. ¡Si tengo suerte, y sé que así será! Yo también lo haré por el bien de todos mis hijos. ¡Soy cazadora, con una vista formidable y un potente veneno en mi aguijón! Aunque aspiro que mi futura familia logre obtener la comida necesaria a tiempo, y no me vea forzada a repetir el sacrificio de mi madre.
Continuará.

Allfredo muy bonito el relato. Excelente ritmo y voz. De una manera elocuente y con mucha imaginación, me diste información real de las arañas. No sabía que se comían entre sí. Me encanta como pude sentir esa cueva subterránea y vivir allí por un momento "En su interior sus laberintos eran un fascinante terreno de juego para mis hermanas y hermanos". Cada vez que vea una araña, me voy a acordar de esta gran amiga...🤗
ResponderEliminar¡Muchas gracias Jhoja! En verdad, que estos seres tienen una particular y fascinante naturaleza. Intenté alejarme del cliché que ellas nos producen por su aspecto y cómo las han definido en la literatura y el cine. Y deseo avanzar con imaginación y de forma didáctica en esta historia, bajo un enfoque nuevo e innovador. ¡Ese es mi reto!
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