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Mostrando entradas de febrero, 2023

Una Noche Intensa

Parte I 27 de febrero de 1720. Era nuestra primera noche en aquel puerto del Caribe. Mi tripulación estaba muy animada, y al rato de pernotar en la taberna de isla Tortuga, pasaron a estar eufóricos. Compartía con ellos su alegría. Festejaba nuestro retorno gracias a ellos, y el éxito de nuestra larga travesía en altamar, pero guardando siempre la compostura, porque yo Marie Reeves, alias “La Viuda Roja” era su capitana. Todos teníamos un pasado triste en común y un afán por vivir libres bajo nuestras propias reglas. A nuestros corazones lo abrazaba un fuego más intenso que el propio ron que consumíamos, y en especial aquella cálida noche; esos bravos marineros bajo mi mando habíamos logrado vencer a un navío español en combate cuerpo a cuerpo, logrando abordarlo, apoderándonos de grandes riquezas que pretendían ser transportadas a Europa. Ahora eran nuestras. Bebía con moderación, sentía que el alcohol me podía jugar una mala pasada. Casi todos mis hombres ya estaban borrachos. Era i...

El clan crustáceo (Una Aventura Arácnida Parte 8)

  Pasaron varias lunas. Las suficientes para comprender que nada sería igual a como fue antes de nuestra captura. Las hembras estábamos comprometidas a aparearnos apenas llegase el momento propicio. Nuestros captores tenían total conocimiento de nuestro proceso reproductivo, (o al menos bastante claro). Y yo me encontraba entre las arañas más aptas para engendrar. Así que me fue concedido un macho ejemplar, a quien conocería oportunamente. El clan crustáceo poseía un muy cercano parentesco con el clan arácnido. Pero también algunas marcadas diferencias. Ellos ostentaban, además de esas relucientes armaduras, unas largas antenas encima de sus ojos. Por lo que había logrado observar, tenían la capacidad de captar de mejor manera una gran variedad de sensaciones del medio ambiente. Pero lo que más llamaba mi atención de la estructura de sus armaduras, era una parte conocida como abanico caudal o urópodo. A ese abanico lo formaban cinco piezas móviles, dos exopodios, dos endopodios a s...

Y pasó en Yucatán

Dicen que hace millones de años los dinosaurios gobernaron el planeta. Dicen que todo acabó de imprevisto cuando un meteorito abrió la península de Yucatán elevando una nube de polvo que impidió al sol alimentar a las plantas. Los herbívoros sin alimento fallecieron, y tras ellos los carnívoros que tampoco tenían que comer. Solo los pequeños mamíferos fueron capaces de sobrevivir escondidos en los resquisios bajo tierra, donde la nube de polvo no llegaba. Allí, donde luego se erigía el imponente imperio Maya, un impacto creaba cuevas secretas y misteriosas que se llenarían de agua de lluvia y le daría alimento a los nuevos soberanos. Dicen que luego de construir pirámides asombrosas, un día sin previo aviso todo quedó abandonado. Unos dicen que se secaron las aguas sagradas de los profundos cenotes y empezaron a migrar hacia el sur. Otros dicen que se quedaron fuera de la vista de los cazadores de oro, quienes llegaban hambrientos en barcos cruzando el océano. De pronto, un nuevo impac...

La cucaracha

Nunca he tocado piano, me encanta la música, de hecho sin ella no puedo vivir. Me fascina subir el volumen muy alto cuando estoy escribiendo. No soy pianista, pero cuando escribo me transformo en una, porque siento que el teclado de la computadora es como las teclas de un piano para un escritor. Si pudiera describir mi proceso para escribir, podría decir que mis manos se empiezan a mover solas, respiro fuertemente como para permitirme ser poseída por ese algo más grande que yo, se puede llamar Dios, Universo, Naturaleza, Dimensiones, en verdad no sé. No todos los días tengo la misma inspiración, ni tampoco puedo planear mucho lo que voy a escribir. De manera racional, podría tener una pequeña idea, pero es sólo eso, una idea. A veces no tengo ni p… idea tampoco. Me río de mi misma porque el arte de expresar es ese sentirse poseído o prestarse como canal para comunicar. Al final eso es lo que necesitamos: EXPRESARNOS. De cualquier manera, hay mucha energía adentro que necesita ser sac...

Vivir o Morir (Una Aventura Arácnida Parte 7)

Pasaron unos cortos e inquietantes instantes antes que uno a uno, cada capullo de seda fuese abierto. Nuevamente aquellas tenazas fueron la herramienta perfecta. Al principio pensé que habíamos sido atrapadas por el clan de los escorpiones. Pero no. Con fina precisión cada araña fue liberada de nuestra prisión, luego nos despojaron de nuestras armas. Y así logramos enfrentarnos cara a cara con nuestros captores. Era el temido clan crustáceo. —¿Vivir o morir? Contesta ya. —Morir. Con las mismas tenazas que fácilmente habían desgarrado nuestra dura envoltura de seda, así mismo aquel verdugo, cuyo aspecto era bastante similar al nuestro, a excepción de tener gran parte de su cuerpo recubierto con una reluciente armadura, se encargó de ejecutar a una de mis rebeldes compañeras a sangre fría. La misma pregunta fue otra vez formulada. La misma respuesta. Nunca antes habíamos experimentado el miedo. Tampoco esa sensación tan desagradable, y hasta ahora inédita, de sentirnos intimidadas. Pero ...

El Éxodo (Una Aventura Arácnida Parte 6)

No podía moverme ni tampoco mirar al exterior. Ni siquiera me fue posible sujetar mi quela , mucho menos activar sus dardos. Nunca pensé que, teniendo cuatro pares de extremidades arácnidas externas, y otros dos pares adicionales en mi cuerpo, me sentiría como si las tuviese todas amputadas. De encontrarnos atrapadas en cualquier otro tipo de tejido, fácilmente habríamos logrado liberarnos. Poseemos una extraordinaria fuerza, pero la seda de araña es tan poderosa y resistente como nosotras. Irónicamente, trescientas poderosas arañas nos encontrábamos cautivas en nuestra propia red. «Nos atraparon. Pero no podrán hacer nada más con nosotras». Pensé. Crack. Crack. Crack. Crack. Escuché con claridad a pocos pasos, no muy lejos de donde me encontraba. Luego un golpe seco, como de un bulto pesado que cae inerte desde el aire al suelo. Crack. Crack. Crack. Crack. Los cuatro sonidos cortos, comenzaron a inquietarme. Ya que acto seguido, se escuchaba el golpe seco cada vez más cercano. Ensegui...

La emboscada (Una Aventura Arácnida Parte 5)

Pernotar en aquel bosque solitario nos fue un tanto inquietante. Nuestro ambiente natural como clan arácnido era el mundo subterráneo. Sin embargo, durante muchas lunas, nuestros hábitos fueron mutando. De poseer un habitual comportamiento aislado e independiente en lúgubres y silenciosas cavernas, las distintas especies artrópodas habían logrado coexistir y evolucionar uniendo esfuerzos, transformándonos en comunidades similares a las organizadas hormigas o a las laboriosas abejas. Pero aún estábamos afianzando ese nuevo proceder. Habíamos aprendido a trabajar en equipo, aportando nuestras habilidades a favor del bien común. Ese había sido el éxito de nuestra supremacía. Sin embargo, esas mismas cualidades especiales y destrezas únicas, lograron despertar una rivalidad muy cruel hacia nosotras las arañas. Esa misma noche nos fue manifestada con total contundencia. La hambruna en Artrópoda había desatado una cruenta guerra por la supervivencia. Si bien nuestros reflejos son extremadame...

Panchita, la rana.

  Sabía leer y escribir la muy decente. Se hacía la loca, pero no lo estaba. Comía muchos insectos, uno detrás de otro. Se mareaba mucho cuando se asomaba por el riachuelo. Veía su propio reflejo en el agua y se asustaba. Jugaba con su propia sombra y reía de sus estupideces. Hablaba sola cada vez que se acordaba. Era una ranita muy pequeña que apenas había nacido. Todos en su pueblito la estaban buscando. Ella se había escapado desde que nació porque su mamá quedó aplastada bajo unas ruedas. La ranita no estaba segura de saltar porque le daba miedo llegar hasta el cielo donde se encontraba su mamá rana. La ranita había quedado huérfana, así que le tocó madurar a la fuerza. Se diferenciaba de otras ranas porque ella era más frágil, más sensible. Descubrió que no escuchaba bien por su oído izquierdo, cosa que la hizo aún más vulnerable. Panchita le decían las demás, ella se conformaba con ser llamada “Chita”. Comía hormigas que venían en fila, si no estaban en fila no le interesaban...

Pernotando en el bosque (Una Aventura Arácnida Parte 4)

  En Artrópoda, nuestros tres soles nos permitían un modo natural y preciso de medir el tiempo. A medida que fuimos avanzando, nuestro instinto arácnido se activó. Todas sabíamos que nos estábamos acercando a una zona boscosa peligrosa y desconocida. Aunque visualmente, hasta los momentos, no se lograba apreciar ningún rastro en el horizonte. El viento traía ese mensaje, flotaba un agradable y sutil aroma a sauce del desierto. —Podremos llegar justo cuando se oculte Rojo , el primer sol. —Comenté en voz alta. Avanzábamos a un ritmo constante. Poseer cuatro pares de piernas, nos brindaba un desplazamiento rápido y fluido a través de las extensas arenas. Antes, nuestros ancestros poseían patas, las nuestras habían evolucionado, siendo ahora mucho más robustas, grandes y poderosas. Pero el desgaste energético seguía siendo el mismo; estábamos poniendo a prueba nuestra capacidad de resistencia en aquel maratónico desplazamiento. No todas iban a lograrlo. —¡Se aproxima una amenaza! Mi g...

La hambruna (Una Aventura Arácnida Parte 3)

Ese cambio tan radical nos tomó a todos por sorpresa. Algunas llegamos a pensar que se iniciaba el fin de nuestra existencia. ¿Exagerado? Tal vez. Nuestra raza arácnida siempre ha contado con la capacidad de planificar estrategias, definir objetivos y lograr resultados en cuanto a nuestra alimentación y supervivencia. Poseemos normas y procedimientos muy específicos de cómo cazar, almacenar y administrar nuestras provisiones con rigurosa precisión. Pero nuestros instintos más profundos nos daban una clara señal de alarma máxima. —Debemos migrar ahora o todas moriremos de hambre. Nunca hemos contado con una figura líder, pero la hermana araña que nos dio esa instrucción, era muy admirada y respetada por el clan. Yo la observé en silencio, al igual que el resto, comprendiendo que había llegado el momento de iniciar una extraordinaria misión. —No tenemos alternativa. Estamos enfrentando por primera vez una terrible hambruna. Todas ya lo hemos aceptado. Por lo que se hace fundamental que n...

El Closet de Bambú

  Cuando uno siente nostalgia no hay nada que pueda curar el alma. Uno busca, así como una curita (de esas que se pegan a la piel) que pueda tapar las heridas del corazón de un solo sopetón. Aún no he encontrado en qué farmacia la venden. Me encantaría encontrar la farmacia o la cura, pero sigo en mi búsqueda. El caso es que creo que desde que nací he estado encerrada en una especie de “Closet”. Digo que es una especie porque es bastante peculiar el mío. Yo no sé si tú también tengas uno. En realidad, no estoy segura si desde que nací estuve tan encerrada en las paredes de mi closet porque al nacer, siendo un bebé aún no estamos contaminados con tantas creencias sin sentido sobre el mundo, sobre uno mismo. Creencias heredadas, creencias tal vez de otras vidas o creencias de creencias. Apenas uno empieza a creer en algo y empiezan los juicios. Probablemente juicios llenos de miedo, que se van haciendo más grandes cuando les damos importancia. Entonces, no sé a qué edad realmente me ...