Parte I 27 de febrero de 1720. Era nuestra primera noche en aquel puerto del Caribe. Mi tripulación estaba muy animada, y al rato de pernotar en la taberna de isla Tortuga, pasaron a estar eufóricos. Compartía con ellos su alegría. Festejaba nuestro retorno gracias a ellos, y el éxito de nuestra larga travesía en altamar, pero guardando siempre la compostura, porque yo Marie Reeves, alias “La Viuda Roja” era su capitana. Todos teníamos un pasado triste en común y un afán por vivir libres bajo nuestras propias reglas. A nuestros corazones lo abrazaba un fuego más intenso que el propio ron que consumíamos, y en especial aquella cálida noche; esos bravos marineros bajo mi mando habíamos logrado vencer a un navío español en combate cuerpo a cuerpo, logrando abordarlo, apoderándonos de grandes riquezas que pretendían ser transportadas a Europa. Ahora eran nuestras. Bebía con moderación, sentía que el alcohol me podía jugar una mala pasada. Casi todos mis hombres ya estaban borrachos. Era i...